Fidel es Cuba entera, Fidel es la bandera, Fidel no murió, se multiplicó.

Fidel es Cuba entera, Fidel es la bandera, Fidel no murió, se multiplicó, decían cubanos de todas las generaciones y varias provincias presentes en la Plaza de la Revolución Antonio Maceo Grajales, en la gloriosa Santiago de Cuba, en el acto de homenaje póstumo al líder de la Revolución, efectuado en la noche del tres de diciembre.


Se oye, se siente, Fidel está presente, se escuchaba una y otra vez, en boca de jóvenes, ancianos, niños y adultos, en consignas que han coreado por años generaciones de cubanos hasta nuestros días.

 


En esa plaza surgieron cosas que no había oído, que no estaban preparadas y que nacieron en ese momento del corazón de aquellos hombres y mujeres que una y otra vez veneraban al Comandante en Jefe, al Fidel Castro que horas anteriores todo el pueblo cubano había despedido en un largo y triste adiós.


Me emocionó el discurso de Raúl, del hermano, del compañero, del amigo, al retomar la sentencia del Titán de bronce, y que tanto repitiera Fidel: quien intente apropiarse de Cuba recogerá el polvo de su suelo anegado en sangre si no perece en la lucha'”.


Considero que ser hijos de este tiempo nos crea el compromiso de seguir haciendo el bien, luchando por la victoria, porque Fidel volvió a Santiago como el primero de enero, triunfante, y este no es un hasta siempre,  este es un momento de continuidad, que dice alto y claro que el proceso revolucionario no se detiene, y así lo expresaron los representantes del pueblo, las mujeres, los trabajadores, los jóvenes y estudiantes , en representación de la sociedad civil cubana, en la noche  del sábado tres de diciembre, en la Plaza Antonio Maceo.


Era de admirar como cada participante en el acto llegó con una historia propia de Fidel y se fue con algunas otras, que significaron la unidad, el no ceder ante ninguna presión y el no temer a nada y sobre todas las cosas defender nuestros principios.


Ver esa explosión de pueblo, el amor colectivo, espontáneo, de corazón, provoca una emoción muy grande que a todos nos aprieta el corazón y brotan las lágrimas de amor, de orgullo, de agradecimiento y plenitud, porque es una pérdida muy grande, pero él es un hombre que hasta después de muerto estará presente en cada cubano y  en cada hijo de esta tierra que le llegó  la mano solidaria  de Fidel.


Despedimos al luchador infatigable, el revolucionario completo, al eterno cubano y, sobre todo, al padre, al hermano, al amigo del trabajador, del estudiantes, de su pueblo y de todos los defensores de las causas justas.

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