El niño madrugueño llamado José Martí.

Bajo el impulso filantrópico del doctor José María Pardiñas, patriota madrugueño, fue creado en esa localidad habanera entre 1897 y 1898, un orfanato. La institución era dirigida por un patronato que integraban varios ciudadanos prominentes, entre los que se encontraba Alberto Pozo.

 

Alberto Pozo era un terrateniente y formaba parte de la burguesía rural de Madruga en aquella época. Participó junto al doctor Pardiñas en numerosas obras y hechos sociales y fue además un decidido partidario de la causa de la independencia de Cuba.

 

Pozo fue miembro de la Junta Revolucionaria de Madruga y participó en la reunión que, presidida por Juan Gualberto Gómez, para coordinar el alzamiento de 1895, se celebró en esa localidad.

 

Una de las tareas que cumplió Alberto Pozo por encargo de la Junta Revolucionaria de Madruga, fue infiltrarse en el movimiento autonomista, y lo hizo con tanto empeño que llegó a ser alcalde de Madruga durante el auge del autonomismo.

 

Corría el año 1897 cuando a la puerta del Orfanato de Madruga fue dejado, sin ningún documento que lo identificara, un recién nacido. Esto no era frecuente, pues lo acostumbrado era que los niños fueran llevados a la institución por un familiar u otras personas que lo identificaban con su nombre y apellidos.

 

Alberto Pozo, ante la necesidad de poner un nombre al menor, y siendo tan reciente la caída en combate de nuestro Héroe Nacional, decidió ponerle a aquel niño el nombre y apellidos del más universal de todos los cubanos. Así aquel recién nacido fue bautizado como José Martí y Pérez, al ingresar al Orfanato. Del destino posterior de aquel muchacho no hay pruebas documentales, quizás no sobrevivió, pero llama la atención en tan temprana fecha, el interés de homenajear al Maestro poniendo su nombre a un niño. Y así ocurrió en el orfelinato de Madruga, en 1897, dos años después de aquel fatídico 19 de mayo de 1895.

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