Del amor y el deber

Recuerdo hace ya dos años cuando me dieron la tarea de entrevistar a un médico sobre la tuberculosis y su prevención desde la atención primaria de salud. Alguien me recomendó entonces conversar con Andrés Felipe, en el consultorio número uno, aquí en Jaruco.

 

Nadie me dijo que era un Doctor colombiano egresado de la Escuela Latianoamericana de Medicina de La Habana. Nadie me comentó tampoco que tenía mi edad, un decir elocuente y sincero y unos sueños grandes y de amor.


Fue un placer conocer a Andrés Felipe Gutiérrez Labrador.

Recuerdo que ese día conversamos de todo. De la tuberculosis y qué hacer para que ese mal no llegara a los pacientes de su consultorio, de las bondades del sistema de salud en Cuba, de la calidad de  los servicios médicos en la isla, de sus días en la ELAM…

 

A Andrés Felipe parecían salirles las palabras a raudales. Entonces en un momento de nuestra plática todo cambió, su decir se tornó más lento, nostálgico, triste. Me habló de su Colombia y de su gente, de cómo en un país con todo había tantos con nada. Parecía mayor, tan joven y con tantas preocupaciones…Pero, de repente, su expresión cambio y el futuro se dibujó en sus ojos.

 

Me gusta Cuba y su gente, me encanta ese calor humano que desprenden ustedes, me aseguró Andrés Felipe. ¿Te quedas en Cuba?, le pregunté con la certeza de que el joven galeno echaría raíces en esta Isla, pero estaba errada.


No puedo periodista. Hay algo más fuerte y más necesario en la vida, y es el deber y el compromiso de cada persona con sus raíces.

 

Agradezco a Cuba, a Fidel, a tantos cubanos y cubanas que me acogieron como un hijo más, a mis compañeros que me ayudaron a resistir estar lejos de los míos. Mi patria me reclama y eso es sagrado. Tantos humildes que mueren por enfermedades comunes por falta de medicinas y de médicos. Tantos proyectos por el bien de mi país, por hacer desde mi pedacito…Colombia en verdad lo reclamaba.

 

Y el joven graduado de la Escuela Latinoamericana de Medicina de La Habana que vivió entre los jaruqueños ya está en su país. De seguro, el amor, el humanismo, el calor y la solidaridad que conoció como nunca en Cuba serán también su medicina diaria  par los pobres  de su tierra.

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