Juan Almeida, el Eterno Comandante

Sencillo, modesto y de fuerte convicción política, eran algunas de las cualidades que destacaban a Juan Almeida Bosque. Hombre de extraordinario fervor revolucionario nacido en La Habana un día como hoy pero de 1927, cumpliría 90 años.


Almeida conoció a Fidel Castro en el balneario de la Universidad de La Habana, cuando entonces el líder era estudiante de derecho y Juan trabajaba como taquillero del balneario de la colina universitaria. El encuentro selló una amistad inquebrantable entre aquellos jóvenes que compartían el mismo ideal.   


Pronto integraría la célula clandestina junto a otros jóvenes obreros que deseaban vivir en una Cuba libre e independiente del régimen imperial. Como parte de la generación del centenario participó en el Asalto al Cuartel Moncada. Durante el juicio a los asaltantes, Almeida ratifica ante el tribunal su participación en la heroica gesta al expresar: “si tuviera que volver a hacerlo, lo haría, que no le quepa la menor duda a este tribunal”. Por la ratificación de su presencia en el Moncada fue condenado a diez años de prisión a consecuencia de este hecho.


Al ser liberados de prisión Almeida fue perseguido por el brutal régimen de la época y  un policía vestido de civil custodiaba la puerta de su casa para que este siguiera sus pasos. La medida no amilanó a Juan Almeida Bosque quien en varias ocasiones burló la presencia policial y se escurría por el fondo de la vivienda.


Las ansias de este valeroso hombre por la igualdad y justicia social no se hacían esperar. Pasado algún tiempo viajó a México junto a otros jóvenes que preparaban la expedición del Granma, que llevó a Cuba al triunfo definitivo.


Tras la sorpresa del combate de Alegría de Pío, Almeida rescata al Ché quien se encontraba herido en el cuello. Y entonces una frase lo inmortalizó en dentro de la Historia de Cuba “¡Aquí no se rinde nadie, …”.
Sus dotes de luchador incansable le merecieron el ascenso a Comandante y jefe de la columna número 3 en la Sierra Maestra.


Con la Revolución en el poder Almeida se convirtió en el jefe de la Fuerza Aérea Revolucionaria, siendo admirado y respetado por todos. Tiempo después asumió otras responsabilidades dentro del gobierno y el partido como la jefatura del Estado Mayor del Ejército Rebelde.


Pero la impronta del Comandante Almeida va más allá de su lucha revolucionaria. Incursionó en el arte como escritor y compositor musical. En  mil 985 obtuvo el premio Casa de las Américas por el volumen Contra el agua y el viento, sobre el paso del ciclón Flora por la Isla en octubre de 1963.


Como compositor fue autor de más de 300 canciones entre las que destacan Mejor concluir, Cualquier lugar es mi tierra y La Lupe que lo inmortalizó en su trayectoria musical.   


Almeida fue un hombre de infinita fe en la victoria y aunque aquel fatídico 11 de septiembre de dos mil la muerte lo sorprende, no lo logró arrancar del suelo patrio. Almeida esta allí, en esos hombres y mujeres que luchan por un mundo mejor pese a las adversidades, en cada escuela, en el corazón de su pueblo que no olvida y siempre lo recuerdan como el Eterno Comandante.