Giros aceptados y enero de victorias

José Martí logró, no sin muchas vicisitudes, su más preciado objetivo, recomenzar la guerra en Cuba, en su tierra amada, pero está sería, tenía que serlo, una guerra diferente, organizada sin el lastre de errores que condenaron la gesta del 1868.

 

El apóstol no estaba aún en la Patria, llegaría poco después del 24 de febrero junto al Generalísimo Máximo Gómez. Por eso cuando el segundo mes del año asoma en el calendario los cubanos nos sentimos otra vez orgullosos de nuestra historia y de nuestros antepasados.

 

“Giros aceptados” esas dos palabras enviadas a José Martí por el general Juan Gualberto Gómez, eran la confirmación del reinicio de la guerra.

 

Así en medio de los carnavales que por aquellos días tenían lugar en Oriente se cumplió la palabra de Antonio Maceo y se retomó definitivamente la manigua para hacer de ella el hogar de la guerra necesaria.

 

En Cuba se volvía a cargar al machete tras el toque de degüello. El alzamiento se produjo en varios lugares y no solo en Baire como erróneamente algunos historiadores llamaron, grito de Baire.

 

Así se inicio una contienda que cumplía con todo lo que había soñado Martí, sus fuerzas unidas, la invasión a Occidente y casi la victoria ante un menguado y desmoralizado ejército español que se comenzaba a adaptar a la idea de perder la Isla.

 

El final de la guerra no fue el esperado, la intervención de Estados Unidos en el conflicto derivo finalmente en una derrota española pero no en el verdadera independencia por la que tantos buenos cubanos y cubanas habían dado su vida.

 

El alzamiento del 24 de febrero de 1895 sí resumió el compromiso de los cubanos, de los combatientes de las guerras anteriores para con los caídos y la libertad, demostró que habíamos madurado como nación, que estábamos mejor preparados, y demostró la grandeza de José Martí como artífice de esa gesta lieberadora.  

 

Con España derrotada y en pleno vigor el Tratado de París, se produjo un período de transición, hasta que en Cuba se izó la bandera nacional el 20 mayo de 1902, pero no fuimos libres. Ese día, fuimos neocolonia, objeto de explotación y manipulación, de los gobiernos de Estados unidos.

 

Sufrimos dictadura tras dictadura, hasta que libres fuimos después, el 1 de enero de 1959 cuando otros mambises de traje verdeolivo liderados por el Martí del Siglo XX, Fidel Castro, le entregaron al pueblo la independencia redentora y definitiva. Eso sí el 24 de febrero de 1895 jugó su importante papel en la historia para que tuviéramos enero de victorias. 

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