“Baja moral” en Radio y TV Martí

La oficina del Inspector General de la Junta de Gobernadores para las Transmisiones de Estados Unidos (BBG, por sus siglas en  inglés) acaba de desclasificar un informe que, dado su contenido, ha preferido catalogar como “sensible”.

El título: Inspección a la Oficina de Transmisiones hacia Cuba (OCB, también por sus siglas en inglés)

 

Su objetivo: proveer al Departamento de Estado y al Congreso norteamericano de una “evaluación independiente” de las operaciones de esa entidad, encargada de las transmisiones internacionales de Estados Unidos, incluida las onerosas Radio y TV Martí.

El resultado: En la Oficina de Transmisiones hacia Cuba hay “baja moral”.

 

Hallazgos claves

 

En el reporte, hecho público este 7 de julio, resume los resultados de la auditoría a que fue sometida la OCB –entre septiembre y noviembre de 2013– y entre los elementos que el informe cataloga como “hallazgos claves”, se citan algunos que demuestran la intención subversiva e injerencista de tal engendro, que deliberadamente mancilla el nombre del héroe nacional cubano:

    “La entidad ha consolidado aún más sus plataformas digitales, al ir más allá del sitio web, hacer factible y distribuir su programación en Cuba mediante programas innovadores”.

Entiéndase por “programas innovadores”, toda una amplia gama de aplicación de las nuevas Tecnologías de la Informática y las Comunicaciones, que van desde las redes sociales, Internet y una amplia gama de aplicaciones y programas  para telefonía móvil.

 

     “La moral de los empleados constituye una preocupación. El equipo de trabajadores de esta oficina expresó que la actual administración no tiene una comunicación eficaz y el proceso de toma de decisiones no es transparente”.

 

Así que, según el informe, los supuestos voceros de la democracia y la libertad de expresión tienen miedo de las posibles represalias que la administración puede tomar contra ellos “en caso de realizar protestas”.

Y es que no puede haber moral en una labor que carece de todo sentido ético. Quienes trabajan para la oficina, bien sean productores, editores o periodistas, saben que mienten al hablar de Cuba y que constantemente los obligan a mentir, justo el objeto social de la OCB: ¡mentir!

 

Sigue el informe:

    “La OCB presenta varias debilidades administrativas en cuanto a la contratación, los recursos humanos, el chequeo financiero de las obligaciones tributarias, la gestión de propiedad y los viajes”.

 

Nada sorprendente. ¡Vaya usted a saber! la forma en que se dispone de  los millones de dólares que cada año el Gobierno de EEUU destina a las transmisiones anticubanas.

 

Para ilustrar, baste recordar que –sólo en 2014– fueron aprobados 28 millones 266 mil dólares; 4 millones más de lo solicitado inicialmente.

 

¿Cuánto de ese dinero va a parar a los bolsillos de directivos y funcionarios? ¿Cuánto se emplea para pagos a mercenarios digitales y blogueros sin Patria? ¿Cuánto engrosa las arcas de Congresistas, personeros y cabecillas de la mafia de Miami, lastre indiscutible de la política de Estados Unidos hacia Cuba?

Las respuestas las sabemos los cubanos ¡de sobra! Y desde hace tiempo, sin necesidad de que alguien afirme que se trata de una labor sin moral.

 

Finalmente, la auditoria recomendó a la OCB realizar mejoras para “ganar y mantener la credibilidad de la audiencia”. Esto, porque algo tiene que decir para justificar tanto dinero, pues los propios artífices de la subversión contra Cuba saben bien que aquí no se les ve, ni se les escucha, ni se les lee.


Demasiados gastos, ningún resultado

La más rigurosa verdad es que el Gobierno norteamericano no audita con rigor esta Oficina porque le preocupen las condiciones de trabajo o el bienestar de sus trabajadores.

Washington se asegura, eso sí, de que la OCB gaste apropiadamente sus dineros y cumpla con el cometido que le ha sido asignado, en el menor tiempo posible: promover la subversión en Cuba y crear las condiciones de Factibilidad y Conveniencia que le permitan implementar en la Isla un modelo de Guerra no Convencional similar al que ponen en práctica en otras latitudes del planeta, amparado en presuntas primaveras y revoluciones de colores.

 

Quizás se preguntan el Congreso o el Departamento de Estado de EEUU, ¿por qué tarda tanto la OCB en modificar la ideología y la cultura política del pueblo cubano?; ¿por qué seguimos aquí, después de tantos años y tantos millones gastados?

 

Y si alguien tiene dudas de por qué llamamos a esto “agresión”, le invitamos a remitirse al propio informe de la auditoría, que al reconocer el fin –porque nadie las veía– de las trasmisiones contra Cuba con el empleo de un avión civil, reconoce que se trató de “una herramienta de táctica especial” que, por cierto, costó al contribuyente norteamericano  –entre los años 2006 y 2013– la nada despreciable cifra de 35 millones 670 mil dólares.

 

Reconoce, además, que la Oficina de Transmisiones hacia Cuba mantiene buenas relaciones de trabajo con varias agencias federales vinculadas directamente a promover la caída de la Revolución cubana, como son los casos de la tristemente célebre USAID (Agencia de EEUU para el Desarrollo Internacional); y hasta con el Departamento de Defensa y el Comando Meridional (Sur) de las fuerzas armadas yanquis.

 

Tampoco es de extrañar. La Guerra no Convencional se inscribe en la doctrina norteamericana como un esfuerzo “multiagencias”, que prevé el empleo de “todos los elementos del poderío nacional de Estados Unidos”.

 

Algo más. No todo el informe es público. En sus 34 páginas pueden observarse varias tachaduras, algunas de las cuales abarcan páginas completas, cuyo contenido es negado al público. ¿Qué dirán?

Una conclusión parcial es inmediata: si lo conocido resulta ominoso, cuánta suciedad habrá en lo que ocultan.

Sea lo que sea, una verdad no puede ocultar: la Oficina de Transmisiones hacia Cuba es un ente activo de la subversión y la guerra sucia contra Cuba, en pos de lo cual el Gobierno de norteamericano pondera y perfecciona su desempeño.

 

Y una última verdad: del mismo modo en que el pueblo de Cuba ha derrotado durante años el reiterado intento enemigo de penetrar el cielo sagrado de la patria con su señal agresora, haremos frente el tiempo que sea necesario a los nuevos métodos que se anuncian, por muy sofisticados que parezcan, en la convicción de que –más temprano que tarde– una auditoría del Gobierno norteamericano exprese:

“Proponemos cerrar la Oficina de Transmisiones hacia Cuba. Demasiados gastos y ningún resultado.

¡Con lo cubanos, esto no funciona!”.  

 


Por David Ignacio Martí