Una amistad inquebrantable

La historia de Cuba se nutre de la sangre, el arrojo y la valentía de quienes fueron hombres de su tiempo en la época que les tocó vivir. Uno de esos valerosos mártires fue Fermín Valdés Domínguez, condiscípulo de José Martí en el colegio San Anacleto, y más tarde alumno de Rafael María de Mendive.


fermin-valdez-martiinquebrantable amistad de Fermín y Martí y las enseñanzas de Mendive los motivaron a buscar más allá del aula. Entonces descubren su compromiso social en una época convulsa bajo el yugo español. Pronto las ideas progresistas en Fermín no se hacían esperar y con el tiempo amplía su cultura y vocación por la medicina.  


El grito de independencia protagonizado por Céspedes el Diez de Octubre en La Demajagua, resultó alentador para aquel adolescente de quince años. Pronto la inclinación del deber para con su patria hacen de aquel joven de manos finas y penetrante mirada costear El Diablo Cojuelo, publicación editada en La Habana a propósito de la libertad de imprenta.  


La lectura y el intercambio de expresiones resultaron determinantes para la formación de Fermín quien además fue condenado a seis meses de prisión en el Castillo de San Carlos de la Cabaña. Cumplida la condena ingresa en la Facultad de Medicina de la Universidad de La Habana.


Como a otros estudiantes de su año Fermín es acusado y culpado por el Cuerpo de Voluntarios de profanar la tumba del periodista español Gonzalo de Castañón. Algunos de sus condiscípulos fueron asesinados y él junto a otros estudiantes fueron condenados a seis años de prisión.


Deportado a España lo esperaba su amigo de la infancia José Martí. De regreso a Cuba laboró como médico y fue designado jefe de sanidad del cuarto cuerpo de Las Villas. Pero, la convicción política del hombre de amplio bigote y cejas entre cortadas lo llevó a Asistir como representante a la Asamblea Constituyente de Jimaguayú y en el acto lo eligieron subsecretario de Relaciones Exteriores.


Por su quehacer patriótico se incorporó al cuartel general del general en Jefe, de quien fue jefe de despacho y el 23 de diciembre de mil 896 lo ascendieron a Coronel.


La muerte de Fermín Valdés Domínguez el 13 de junio de  1910 en La Habana fue un duro golpe para los revolucionarios de la época, porque como dijera José Martí:


“Cada cual, al morir enseña al cielo su obra acabada, su libro escrito, su arado luciente, la espiga que segó, el árbol que sembró. Son los derechos al descanso: ¡triste el que muere sin haber hecho obra!”

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