El filósofo de mi vida

Una vez, hace más de 15 años, cuando apenas comenzaba a entender la vida un hombre muy sabio me dijo: “lucha por lo que te propongas, quiere a la familia y no mientas jamás”. Luego vino un beso, un abrazo y el fuerte estrechón de manos, como dos amigos que pactaron para siempre un camino a seguir.


Entonces fue que por primera vez entendí la mirada sincera de un hombre donde no había rencor, odio o frustración alguna, pero que en breves instantes me enseñó a no sentir miedo y a nunca bajar la guardia.
Desde ese día también me sentí orgulloso de la persona que hasta hoy me acompaña en cada paso, decisión, error y por qué no, hasta en los consejos para enamorar a una mujer.


“El viejo”, o “El narra”, como también le llaman otros hijos postizos que se adjudica en el barrio. Ese es mi padre, el hombre que despierta a las cuatro de la mañana para llegar temprano al trabajo, el que baila, canta, juega pelota y el que desanda a frenos sueltos las lomas de Madruga en su vieja bicicleta China.   


Efrén Rodríguez Mesa. El titán de las mil batallas contra corsarios y piratas, la persona que un día montado en cólera me demostró que la sopa no se toma con tenedor, el juglar de la familia, ese es mi viejo.


Este hombre robusto, de manos anchas y ásperas por cultivar la tierra y de magullar jatas para llevar el alimento al hogar, transgrede los límites de la furia para convertirla en paz y esperanza para todos.
Mi viejo no es de esos “hombres” que le dice a sus hijos… “los hombres no lloran”. Por el contrario, me enseñó a llorar solo en los momentos tristes cuando ya no hay remedio o luego de fracasar y no por vergüenza, sino por dignidad.


Mi viejo sin título de licenciado, mi viejo sin ropa que presumir, mi viejo sin carro para pasear… pero mi viejo, el mejor.


Mi edad casi anuncia la llegada de un nuevo miembro a la familia, y sea hombre o mujer su sexo, puede venir con la plena tranquilidad que le esperamos no uno, sino dos padres que le invitarán a formar parte de una nueva saga de los Tres Mosqueteros.


Para ti mi viejo de siempre y para siempre mi homenaje hoy, en un día que se multiplica en los 365 del año. Te quiero papá, y para ti estas, las más simples palabras emanadas de las ideas de nuestro José Martí: “Las cualidades de un padre quedan en el espíritu de los hijos, como quedan los dedos de un niño en las alas de la fugitiva mariposa.”

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