Guillermo Martínez Méndez: cuando la voluntad se llama hombre

Su imagen todos la conocen en la Ciudad Condal de Jaruco, es de esos personajes populares que tejen la historia en estas calles centenarias. Su nombre, tan común como cualquier cubano rellollo: Guillermo Martínez Méndez.
Fundador de la Asociación Cubana de Limitados Físico Motores (ACLIFIM) en el municipio, un hombre que demostró que sus dos manos eran suficientes para alcanzar un sueño: ser deportista.

 

Guillermo Martínez Méndez: “Yo empecé en el deporte casi por casualidad. En una ocasión, hace más de 30 años Elio Felipe, coordinador del Instituto Cubano de Deporte y Recreación (INDER), en el municipio,  llegó a la casa a incentivarme a participar deporte especialmente atletismo.


Tengo que confesar que al principio me fue difícil aceptar aquella propuesta, pues pensé que por mis limitaciones físicas sería rechazado por otros. Hasta que decidí asistir en calidad de invitado a un torneo deportivo que tuvo lugar en San Nicolás de Bari por el año 1980. Aquello fue sorprendente, y desde ese entonces me decidí a practicar deportes.


Inicie por la jabalina y la bala, pero no di buenos resultados es eso, hasta que los instructores definieron que lo mío era campo y pista. Destaqué en 100, 800 y 1500 metros, en certámenes municipales, provinciales y nacionales.
Recuerdo ahora los campeonatos de La Habana’86, Santiago de Cuba en 1987, Holguín 1988; y después llegaron otros en La Isla de la Juventud y San Nicolás de Bari.”


Episodios familiares inesperados, hicieron que Guillermo se retirara temprano del campo y pista. Y aunque la responsabilidad del hogar se anteponía a su pasión por la actividad física, él aun mantiene el inigualable sabor a conquista que fue esa etapa en su vida.  

 

Guillermo Martínez Méndez: “Tuve que dejar el deporte por que los viejos se me enfermaron, y a pesar de mi discapacidad yo era su único sustento. La vida como atleta requería estar albergado por provincias largos periodos de tiempo y ante esa situación de mis padres no podía estar lejos de la casa.


Dejarlo no fue fácil. El deporte para mí significó mucho, en todos los aspectos. En especial en la relación con las personas y me ayudó a confiar en mi mismo.”

 

La práctica del deporte también insertó a Guillermo Martínez Méndez a la vida laboral. Gracias a su esfuerzo y perseverancia se formó como mecánico de máquinas industriales, labor que desempeñó en los talleres textiles de Jaruco por más de dos décadas.

 

Guillermo Martínez Méndez: “Al dejar el deporte decidí vincularme laboralmente. Es cuando inicio como enumerador  y recepcionista en el taller textil de San Antonio de Río Blanco, perteneciente a la Empresa de Confecciones Tropicales.
Al término de los dos años pasé el curso de mecánico de máquinas industriales, actividad en la que me desempeñé por 22 años. Algunos me tildaron de loco e incapaz, pero yo demostré que cuando hay interés sobran las justificaciones.”

 

El claxon de una motocicleta alerta cada mañana que llegaron las margaritas, los girasoles y los gladiolos de Guillermo Martínez Méndez. Flores que el jaruqueño cosecha con sus propias manos, quizás por pasión o para apoyar la economía familiar.


Y si usted lee este testimonio pensará que el protagonista es de esos seres superdotados, pero no es así, eso solo sucede cuando la voluntad se llama hombre.

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