De América soy hijo y a ella me debo

Martí decía: De América soy hijo y a ella me debo. Y con la misma convicción del Apóstol me respondió aquella mañana Luis Eduardo Silva Pancho, un joven ecuatoriano que hizo realidad sus sueños de ser médico en la Escuela Latinoamericana de Medicina de La Habana y que se dio a querer entre los pacientes del Consultorio del Río aquí en Jaruco.

 

Recuerdo ese día cuando lo conocí justo en esta Radio Emisora que hablamos de todo, se su llegada a la capital cubana, el 17 de marzo del año 2003, de las experiencias en la ELAM… “Fue una oportunidad maravillosa porque pude conocer muchas culturas dentro de la escuela. Además no solo adquirí los conocimientos médicos sino que ahora entiendo la medicina como algo social, humano y desinteresado y estoy dispuesto a brindar mis servicios en cualquier lugar del mundo, no fijándome en el dinero de las personas, sino tratar de llevar la verdadera medicina que es esta, la que nosotros practicamos, una medicina muy humana”.

 

Así lo hizo, ya Luis Eduardo está en su país, según me comentó una amiga en común. Ahora pone su amor y los conocimientos aprendidos en Cuba a favor de los humildes de su tierra, una experiencia que el joven galeno ya había experimentado como parte de la misión solidaria Manuela Espejo, un estudio clínico genético y biopsicosocial para personas con discapacidad que contó con la colaboración cubana y permitió accionar a favor de ese sensible sector de la población.

 

“Pude conocer el verdadero Ecuador, el Ecuador profundo, porque antes había viajado por mi país por diferentes situaciones, pero lo había visto con una óptica diferente. Conocí el verdadero lado del dolor del ecuatoriano, del sufrimiento, de la externa pobreza que nosotros tenemos en un país inmensamente rico. Es algo desgarrador pero a la vez nos estimula a prepararnos mejor, llegar a todas las personas y dar un verdadero camino a los que a veces ven cerradas las puertas de los sistemas nacionales de salud y nosotros tenemos esa llave para poder ayudarles desinteresadamente”.

 

Esas fueron las últimas palabras en mi amena conversación con el joven médico ecuatoriano Luis Eduardo Silva Pancho, quien a pesar de haber confesado hace más de un año amar a Cuba como su segunda patria, y en especial a sus pacientes del consultorio número cinco de Jaruco, volvió otra vez a sus raíces a cumplir el  deber como hijo de la provincia de Chimborazo en el hermano Ecuador, y a aportarlo todo por la salud y el bienestar de los más desfavorecidos de su pueblo.

 

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