Vivir el Moncada en compañía de Marta Rojas (II)

“Queda siempre un poco de todo, /la única carencia total / es el olvido”.
Miguel Barnet

El escritor cubano ya desaparecido, Lisandro Otero dijo de Marta Rojas, que “Además de sus cualidades de periodista, está dotada de los atributos del buen narrador, sabe contar el relato que se propone con un ritmo fluido, sereno y confortante". Es verdad. Su discurso transcurre casi todo el tiempo en presente. Marta regresa a una Santiago convulsa, ensangrentada y me lleva con ella.

 

“Como no se pudo publicar el reportaje el director de Bohemia comenzó a preguntarme sobre las personas que me conocen en Santiago y me dice, que a quien estaban persiguiendo era a Panchito, y que yo debía regresar de inmediato a Santiago de Cuba. Cuando llego visito La Granjita Siboney, el Hospital civil, fui a Bayamo para enriquecer mi reportaje”.

 

“En esos días hablo con el doctor Baudilio Castellano, más conocido como Bilito, que fue compañero de Fidel en la Universidad y que asumiría la defensa de los combatientes del Moncada con excepción de Fidel que asumió su propia defensa y Melba, como era abogada, su defensa la asumió el Colegio de Abogados. Baudilio me conocía porque en mi casa había una sastrería, mi padre era sastre y la ropa se la hacía allí. Le pregunto sobre cómo podía ir al juicio, pues ya se estaba anunciando que iba a ser rápido. La fórmula que se nos ocurrió a los dos, fue que yo le hiciera una pregunta a los magistrados, al fiscal para que hablaran del juicio, además para identificarme, a mí nadie me conocía como periodista, yo no estaba colegiada y aquello podía considerarse un intrusismo profesional”.

 

“Entonces hago la entrevista y la envío a Bohemia. En ella se decía que era el juicio más grande de la historia pero porque había muchos acusados, tantos abogados. Es decir, eran elementos numéricos a los que el censor no le halló nada como para que dejara de publicarse en la revista. Con el nombre mío en la revista entonces voy de nuevo al tribunal y solicito ver el juicio y así es como me acreditan y ponen: Marta Rojas Bohemia, pero todavía yo no trabajaba en Bohemia”.

 

“Comencé a trabajar allí en octubre de ese año, después del segundo juicio, porque el juicio empieza el 21 de septiembre: llevaron a Fidel a las dos o tres primeras vistas y el acusado se convierte en acusador. Lo retiran y le celebran otro juicio el 16 de octubre, que es cuando él hace su autodefensa y su alegato conocido hoy como La historia me absolverá.

 

“Participo en todos esos juicios desde el 21 de septiembre del 53 en el palacio del pleno de la audiencia. Al principio somos 24 o 25 periodistas. Eran profesionales y ven que no se podía publicar nada más que una nota muy simple y no siguieron yendo. Pero yo sí permanezco en todos. Termina esa primera etapa el dos de octubre y me quedo en Santiago para esperar que le hicieran el otro juicio a Fidel que fue el 16 de octubre en la salita de enfermeras del Hospital”.

 

“En los primeros juicios yo tomo notas de todas las declaraciones de los acusados, los interrogatorios y las respuestas de Fidel. Eso es durante los días 21 y 22. Cuando terminó esa parte ya la voz popular, es decir la gente que estaba allí, los familiares, incluso, los mismos soldados, los empleados de la audiencia y así todo Santiago de Cuba conoce la verdad, incluyendo la que contaba yo y otros periodistas que entraban y salían porque estaban acreditados, pero que no podían publicar nada. El propio Fidel diría después en lo que fue La Historia me absolverá, y que él reconstruyó luego en Isla de Pinos: “(…..) hay ante mí seis periodistas en cuyos órganos de prensa no podrán publicar nada” (….)

 

Regreso al libro de Marta Rojas, El juicio del Moncada: “Los empleados del hospital y los escoltas comenzaron a ocupar posiciones para verlo y oírlo; eso lo hacían por mera curiosidad al principio, luego su informe iba despertando tanto interés que los puestos se rotaban entre ellos para que todos escucharan algo. Así inició su histórico alegato, y a medida que su palabra se extendía, crecía la impaciencia por escucharlo aún más. Hablaba un lenguaje distinto”. Fidel entra por los poros de la mulatica de 23 años que construiría aquella historia, nuestra historia.

 

“La impresión que tuve fue muy grande. Yo pensé que iba a ver a una persona abatida. La idea que tenía no era de ver a alguien con aquella hidalguía y aquella autoridad con que entró a la sala aunque lo llevaron esposado. Para mí la primera victoria desde el punto de vista emocional de aquel episodio, horrible por los crímenes, pero hidalgo por la lucha del 26 de julio es la protesta de Fidel dentro de esa sala que estaba llena de soldados con bayonetas caladas. Él protestó y dijo que no se podía juzgar a un individuo esposado. Lo dijo con tanta fuerza y alegó, como abogado que era, por qué no se podía hacer así, y hubo un murmullo tan grande, vaya, fue como un terremoto, a tal punto que el Fiscal y el Jefe del tribunal suspendieron la sesión hasta que quitaran las esposas a los acusados”.

 

“Tuvieron que quitarle las esposas y él pide como abogado, asumir su propia defensa y también ganó aquella petición.

Una de las cosas que más me impresionó a mí en el juicio es cuando le preguntan a Fidel si él era el autor intelectual del asalto al Moncada y habían aceptado un millón de pesos, este responde: “Aquí nadie se tiene que preocupar de que lo acusen de ser el autor intelectual del Moncada, porque el único autor intelectual del Moncada se llama José Martí”.

 

“Si no hubiera creído que el Moncada marcó un antes y un después en la Revolución cubana me hubiera ido de allí como la mayoría de los periodistas. Yo tuve la convicción desde que vi a Fidel por primera vez, que aquello tendría que publicarse algún día porque aquellos hechos no podían pasar de ninguna manera inadvertidos en la historia. Yo decía, -“Esto, si no se publica hoy se publicará mañana, pasado”. Es más los amigos de mi papá decían, “Tu hija está perdiendo el tiempo, ella que hizo su práctica en la televisión y la televisión es más importante, lo más moderno”, y no lo decían de mala voluntad pues eran patriotas. Y si yo no me presentaba en septiembre en el canal dos perdía el trabajo. Y yo no me presenté. Me quedé en Santiago”.

 

“Todas esas notas las recogí desde el 21 de septiembre y cada día iba haciendo el reportaje como si lo fuera a publicar, con notas de prensa, a mano. Yo no soy taquígrafa. Ahora se usan las grabadoras, a mí no me gustan, pero en aquella época eran enormes y no permitían usarlas allí. Al terminar tenía como 200 cuartillas. Regresé a La Habana se las mostré al director de Bohemia y me dijo que había que sintetizar aquello porque era muy largo”.

 

“En cuanto se suspendió la censura la sinteticé en doce cuartillas, pero guardé todo lo que había escrito y eso es lo que después del triunfo de la Revolución edito yo misma, las ordeno porque habían transcurrido seis años. Es después el libro que primeramente se llamó La generación del centenario en el juicio del Moncada y después se ha publicado varias veces. La octava edición fue publicada el año pasado con motivo del 50 Aniversario de la Revolución como El juicio del Moncada. De la segunda o la tercera edición fue alejo Carpentier quien hizo el prólogo”.

Tengo el privilegio de la conversación con una experta en el arte de atrapar los detalles de la vida para convertirlos en historias y estas, a su vez, transformarlas en novelas. Pienso, que con el Moncada valdría un intento. Estoy equivocada. El Moncada es otra cosa.

“Jamás reescribiría los sucesos del Moncada. Puedes estar segura. Yo tomé aquello como notas de prensa que hubieran podido ser publicadas en un diario de no haber habido censura. A los seis años le di una estructura, lo concebí y lo armé como un libro, incorporándole lo que vi en Bayamo, los paisajes nuevos que se fueron sumando y lo escribí así. Entonces, yo ese libro no lo reescribiría nunca”.

 

“La primera edición fue muy popular y la publicó la Editorial Tierra Nueva en forma de unos libritos. Después se hizo otra en Ediciones R, pero le faltaron detalles porque fue con mucha premura. En aquella época la leyó Alejo Carpentier y en una ocasión en que nos encontramos, durante la guerra de Viet Nam pues yo fui corresponsal allí, y él había sido invitado por los intelectuales vietnamitas a Hanoi me dijo: --“Cuando hagan otra edición, me avisan, que yo quiero hacerle el prólogo”. Él me dijo entonces, que yo era novelista por instinto. Le pregunté por qué y me respondió que era por la estructura que yo le había dado al reportaje. Fidel me dijo también que el Manifiesto en realidad lo había escrito Raúl Gómez, García, no él como yo lo había reflejado y le hice después esa observación al texto. Así que ese libro no lo volvería a hacer jamás. Si tiene una errata se la arreglaría, nada más”.

 

“No me gusta dar consejos, pero creo que debemos conocer a fondo nuestras luchas de independencia desde Hatuey y los palenques, desde la guerra del 68, del 95 y las luchas de Mella, de Guiteras, pero el Moncada fue significativo porque tuvo la virtud de que los elementos básicos que se plantearon y registraron en La historia me absolverá y que con tanto trabajo fue reconstruido por Fidel y se pudo imprimir en la clandestinidad, deben leerse, deben estudiarse por las nuevas generaciones porque fue uno de los sucesos más trascendentales de la historia de Cuba”.

 

Sin querer, o tal vez a propósito, Marta Rojas me dejó su mejor exhortación, esa que cabe en estos versos de Miguel Barnet: “La única carencia total es el olvido”.

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