Música sin sentimiento

Recuerdo una frase que siempre repiten los maestros y profesores aquí en Cuba… “los niños son impredecibles, de ellos también uno aprende”.
Aunque no soy maestro, recientemente así lo pude corroborar. Resulta que uno de los niños del barrio donde vivo tarareaba una canción, bueno no sé si definirla así. Lo cierto es que cuando le pregunté en confianza por qué repetía esas letras poco radiales, el pequeño de 11 años respondió… “!Esto es lo mejor del Trap!”


Literalmente hablando me dejó sin palabra, tal vez por mi falta de desconocimiento, o por no estar a tono con los nuevos tiempos en los que vivimos. Luego me asaltó la pregunta. ¿El trap, qué es? ¿Por qué ese apego de los niños y jóvenes con el término? En fin, la ignorancia no me podía ganar.


Primero, lógicamente tuve que preguntar a jóvenes del barrio y me explicaron que el trap se relaciona a un nuevo fenómeno musical, que también tiende a marcar estilos de moda y se basa principalmente en el uso de frases obscenas en sus letras. En otras palabras, concluyeron afirmando que el Trap es algo así como el “nuevo reguetón”.


En busca de otras fuentes un poco más especializadas sobre este nuevo boom musical, principalmente en los países de habla hispana, y por supuesto en Cuba, conocí que en el argot popular, mayormente entre los reguetoneros define a los que se basan en la “tiradera”, o sea, el lenguaje vulgar o no que utilizan los intérpretes para hacerse valer y notar dentro de la industria musical urbana.


Retomando mi encuesta con los jóvenes del barrio, indagué sobre los artistas que incursionan en el Trap y ellos mencionaron por ejemplo a Daddy Yankee, Cosculluela, Farruko, J Balbín, Maluma, Bad Bunny, Ozuna, Anuel AA, estos por solo citar algunos. Y bueno haciendo memoria, sí, he escuchado temas que se basan en ofenderse y luchar por el anhelado número uno en las listas de éxitos.
 
Curiosamente el trap no es un género nuevo, pero llegó a Latinoamérica hace poco. Nació en el sur de Estados Unidos en la década de los noventa, cuando los raperos de Atlanta empezaron a mezclar los ritmos del hip hop con la música electrónica.


Su nombre proviene de la palabra que usan los estadounidenses para referirse al lugar donde venden drogas ilegales, y de ahí mismo viene el estilo lírico del género: el trap habla de calle, drogas, sexo y violencia, sin censuras ni tapujos.


Musicalmente hablando, el reguetón fue hecho para bailar en las discotecas y el trap es mucho más lento, un poco más psicodélico, o sea, se escucha para pensarlo más que bailarlo.
Pero bueno… justamente aquí quiero detenerme porque refiere otro refrán muy popular en Cuba que… “cuando el cubano no llega… se pasa”.


Nuestra Isla, nutrida de toda influencia musical latinoamericana, también está en el punto de mira de los críticos y de los que no preferimos ese tipo de género por su alto contenido de frases manidas y de otras cuestiones que a continuación analizaré.


Muchos son los jóvenes en Cuba, de ambos sexos, que ahora denominan tener “onda o flow”, llevando consigo equipos reproductores de música a niveles altos para escuchar temas en su mayoría cargados de letras de mal gusto y que al escucharlas dejan mucho que desear.


Repasemos que opinan algunas personas en relación a este fenómeno en la Isla. El cantautor cubano Descemer Bueno cree que el "trap y el reguetón romántico son los géneros del futuro por la gran aceptación que tiene hoy en día.”


Por su parte la periodista cubana Claudia Yera Jaime, publicó un artículo en el que afirma que las letras de este género “son ascéticas y machistas y se repiten en singles de varios minutos de duración. Los temas devienen alabanza a la violencia de género.”


El trap, irá en ascenso, para bien o para mal de quienes lo consumen. ¿Pero es una buena influencia para las nuevas generaciones? ¿Existen estrategias en Cuba para minimizar la reproducción de este género, sobre todo en centros recreativos y discotecas visitadas por niños y jóvenes?


No soy de los que opina que lo popular se detenga, no. Estimo que sí hay que tener límites y evitar la difusión que nos arrastre a malas conductas, expresiones verbales y extra- verbales inadecuadas, que se confundan los términos de “Música” con los fenómenos contemporáneos.


La intención es indagar en como contrarrestar ese consumismo cultural sin explotar en otras aristas interesantes del arte en general y particularmente en la música. Y a las familias, revisar qué escuchan nuestro hijos, qué lugares visitan con frecuencia y sí están adoptando otros estilos y formas de vida.
El trap, está y estará, pero no se puede convertir en pasión musical que atente contra la cultura y tradiciones cubanas.

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