Por un fin de año feliz

Los cubanos también nos preparamos para festejar la culminación del 2017 y el advenimiento del 2018. Desde hace algunos días las festividades y alegría del pueblo, no solo indican la cercanía de un año que concluye, sino el final de 12 meses que de una forma u otra han marcado nuestras vidas.


La ocasión es para muchos la oportunidad de pasar revista sobre lo acaecido en casi 365 días y proponerse nuevas metas para el próximo año, pero lo que sin dudas más aparece en cada una de nuestras mentes, es pensar en la fiesta para despedir la antigua y recibir la nueva etapa anual.
Ya muchos van acopiando los alimentos y las bebidas para cenar y, por supuesto, buscando el pedacito de carne que asarán, porque este elemento no puede faltar en el jolgorio que se avecina.


Es esta una oportunidad de reunirse la familia, no importa la cantidad de miembros, para pasarla bien y volver a encontrarse quienes tuvieron pocas oportunidades de hacerlo en los restantes meses.


Es además la oportunidad de compartir con amigos y vecinos que son bien recibidos a la hora de sentarse a la mesa. Y es precisamente este hecho el que nos distingue a los cubanos, porque sin pecar de chovinismo, aquí, en Cuba, a diferencia de otras partes del mundo, vemos a los vecinos y amigos como parte de la familia.


Que hermoso es compartir en colectivo esos días festivos donde las mesas suelen verse mejor adornadas cuando todas las sillas están ocupadas y es que vivimos en un país donde hay tradición de celebrar y repartir a nuestros más allegados todo lo que degustamos, como digno ejemplo de solidaridad y hermandad entre cubanos.

 

No importa cuán difícil pueda estar la situación en nuestras casas, siempre nos las ingeniamos para que el fin de año no pase por alto.

 

El mayor deseo de esta redactora es que este fin de año sobren los motivos y los recursos para festejar en grande, y que reine la alegría en cada hogar a pesar de las tristezas y de las carencias que se hayan pasado en el 2017.

 

Lo más importante es que tengamos presentes a los vecinos y amigos, porque si ellos han estado a nuestro lado en los días más oscuros, tienen derecho a pasar junto a nosotros los momentos más felices.

Si compartimos esa filosofía, cada fin de año seguirá siendo para los hijos de la mayor de las Antillas el momento idóneo para compartir un buen plato de comida o un traguito con sus consanguíneos y con quienes los circundan, porque brindar lo que tenemos nos hace mejores seres humanos y nos ensancha el corazón.

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