Ania Ortega, una maestra con alas de libertad

¡Yo me pongo nerviosa! Fueron sus primeras palabras cuando me vio entrar en el aula de sexto grado de la escuela primaria Pelayo Cuervo, en el poblado de San Antonio de Río Blanco, municipio de Jaruco.

Sin embargo, cuando comenzó el diálogo las ideas fluían a raudales y pude apreciar el cúmulo de sensaciones indescriptibles de una mujer que ha sumado a la lucha diaria del maestro en el aula, el reclamo de libertad para los Cinco antiterroristas cubanos presos injustamente en cárceles de Estados Unidos.

Y así comenzó el intercambio con Ania Ortega Ascencio, la profe que todos conocemos por su meritoria labor al frente del Comité de Solidaridad Alas de libertad en la primaria Pelayo Cuervo.

Periodista: ¿Ania, qué la llevó a asumir y conducir a sus alumnos en la batalla por el regreso de los Cinco?

Ania Ortega: Todo maestro es un creador, no importa el lugar donde se encuentre, la circunstancia en que está, tiene que buscar la manera de crear y crear sentido de justicia, es una tarea que tenemos todos. En mi la idea no nace de ahora para luego, en mi influyo muchísimo los dos años que estuve cumpliendo misión en África, y si se vive un mundo tan injusto qué mejor que enseñar un poco de justicia, o de la justicia que uno desde su punto de vista ve, es sentido del momento histórico en que le toca vivir a cada cual, ahí creo que es donde está el primer paso para esto. Lo segundo, todos los cubanos nos vimos involucrados en la batalla de ideas a la luz de todo el problema que hubo alrededor del niño Elián González, y sale también lo de los Cinco Héroes. Lo de ellos queda pendiente, y es una deuda que tenemos cada uno de los cubanos por los Cinco, porque lo que ellos hicieron fue a favor de cada uno de nosotros, por nuestros hijos, por nuestros familiares.

Periodista: Los que hemos tenido el privilegio de vivir junto a los integrantes del Comité de Solidaridad Alas de Libertad la visita de familiares y amigos de los Cinco y las cartas enviadas desde la cárcel por Antonio Guerrero y Gerardo Hernández, sabemos la alegría y la satisfacción que irradian los pioneros que usted dirige. Qué significado tiene esta experiencia?

Ania Ortega: Es una experiencia que va creciendo, todos los días los niños aportan, entonces van surgiendo las ideas en la medida en que van apareciendo las cosas, los encuentros, las situaciones, las cartas. Cada carta de ellos es una escuela porque te alertan, te ven, te agradecen, porque yo digo te ven, porque ellos te pintan cuando te escriben y te dicen lo que puedes hacer, sobre todo la gratitud. Ellos en sus cartas te están viendo como maestra, y te están reconociendo como maestra, creo que eso es lo mayor.

P: Los cubanos nos hemos hecho eco de la causa de los Cinco, pero la magnitud del Comité de Solidaridad Alas de libertad ha superado las expectativas. ¿Cuál es el secreto de la fuerza y el ejemplo logrados por los niños que exigen libertad para nuestros hermanos?

A. O : Nosotros siempre hemos buscado una cosa, que el comité no sea banal, el comité es algo un poco más serio, es estar y no por estar, es estar y es responsabilidad aunque tengas nueve años, diez, once, doce, o lo que tengas, porque es estar inmersos en una lucha, que estamos actualizados políticamente con lo que sucede en el Medio Oriente porque el Comité libanés se comunica con nosotros. Nuestros niños ven, se actualizan, buscan la manera de que aunque nunca han visto de cerca a Adriana, la esposa de Gerardo Hernández, que lo añoran, como sí vieron a Elizabeth, quien estuvo sentada al lado de ellos y corrió por los pasillos de la escuela con los niños cojidos de la mano. Pero qué pueden hacer ellos, qué van a hacer ellos para pagarle a estos hombres, simplemente estar al lado de estos hombres, no virarles la espalda. El ¡Volverán! se repite, se pone en las paredes, el Comité Alas de libertad nació para no morir, porque ya la generación de atrás está. Por eso que sigan volando nuestras alas.

Así piensa la jaruqueña Ania Ortega, una maestra y activista en la batalla por el regreso de los Cinco luchadores contra el terrorismo, una mujer que ha sabido con su ejemplo y sus convicciones conducir a una treintena de niños para romper el silencio y que se haga justicia.

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