Un hombre del que siempre se aprende

“¡Oh, que hermosa, la gratitud de los niños, la pura gratitud no envenenada!”. Así hablaba el apóstol sobre los niños, y también porque para él, ellos son la esperanza del mundo.


marti-jaruco-cubaEn cada escuela, y juntos a sus tiernas manecitas, La Edad de Oro, ese maravilloso tesoro encuadernado que José Martí escribiera. Un texto donde el amor y la hermandad se funden para llevar a los infantes esas cualidades que han de fomentarse en el hombre nuevo.


El ideario martiano trasciende las fronteras de la humanidad y siempre llega para quedarse. Los conocimientos no solo permanecen en las hojas de un libro sino, que irradian a las futuras generaciones de cubanas y cubanos que hoy se adentran en la historia del Más Universal de los cubanos.


Martí es ese hombre que muchos quisieran ser, simple, modesto, valiente. Orador por excelencia que con sus palabras conquistaba enamorando a cualquier audiencia.


Desde pequeño abogó por la igualdad de la especie humana en añoranza por ver a su Cuba libre y hoy día se materializa en las escuelas cubanas al verse gozar la igualdad de derechos.  


Como príncipes enanos los niños una y otra vez se adentran en la vida y obra de José Julián Martí Pérez, el hombre del que tanto aprendimos y hoy ellos aprenden. Ese que fue un mortal de su tiempo con amplia visión de futuro, porque al decir de él: “El hombre crece tanto, que ya se sale de su mundo e influye en el otro. Por la fuerza de su conocimiento abarca la composición de lo invisible, y por la gloria de una vida de derecho llega a sus puertas seguro y dichoso”.

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