Elda por siempre

La maestra Elda Herrera Fernández acaba de marcharse y hay tristeza en Jaruco. No es precisamente su desaparición física lo que duele, lo que aprieta el pecho son los proyectos inconclusos, los sueños por realizar de esta mujer extraordinaria, que nos prometió a todos y así misma que llegaría a los 120.

Perdimos a una de las mejores hijas de este pueblo, pero nos consuela saber que en su vida intensa fecundó la sabiduría, el amor a la naturaleza y a la humanidad, y lo hizo desde la humildad y la grandeza del magisterio.

 

Elda era de esas personas que amaba la vida por sobre todas las cosas. Incluso, convaleciente de una enfermedad que acortaba su existencia hablaba de las ideas que quería materializar y amanecía rodeaba de libros y papeles donde anotaba lo que podía ser interesante e instructivo para una sección
que tenía en un programa de Radio Jaruco.

 

Su deseo más ferviente era regresar a los micrófonos y ofrecer a la gente sus ingeniosas recetas de cocina, sus consejos útiles, su conocimiento del mundo y de la vida.

 

Elda Herrera fue por casi una década junto a su querido compañero y esposo Sinesio Williams, el alma de la Universidad del Adulto Mayor en Jaruco. Gracias a su perseverancia y encanto especial se hizo realidad en el municipio uno de los proyectos educativos más humanos de la Revolución.

 

Lo que me fascinaba de Elda era su frescura, su elegancia, esa costumbre suya de andar bonita, de burlarse de los años y desafiar los relojes, el tiempo, la vejez. También esa disposición permanente, ese nunca estar cansada, ni triste, esa naturaleza titánica que la hacía renovarse a diario y florecer en la mañana como el rocío y el canto de las aves.

 

Así la guardaré entre mis recuerdos más hermosos en este difícil y encantador oficio del periodismo, la tendré como la nuez encantada de Meñique de donde brotará eternamente un manantial de esperanzas.

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