Tradición jaruqueña

Visitar la Ciudad Codal de Jaruco y no detenerse en el Centro Histórico de este terruño de la provincia de Mayabeque, es ignorar la génesis del poblado, desconocer la rica trayectoria de una comunidad que nació en 1752 a orillas del Río San Juan, afluente entonces virtuoso por sus cristalinas aguas, apacibles y seductoras. Es excluir las costumbres y rituales devenidos con el paso de los años en fascinantes tradiciones culturales, en patrimonio local que los jaruqueños preservan para generaciones futuras.

 

Ubicada en las intersecciones de la avenida 23 y las calles 26 y 28, el Centro Histórico de Jaruco, lo conforman edificaciones de importante valor, patrimonial y arquitectónico  entre las que figuran el Museo Local, (Antigua Cárcel), La Sede de la Asamblea del Poder Popular, (anteriormente Casa de Ayuntamiento), el  Centro Nocturno Recreativo, (entonces Liceo para blancos),  el Parque José Martí, (antes Plaza de Armas), y la Parroquia San Juan Bautista.

 

 Y es que según investigaciones  de Osvaldo Correa, el  desaparecido  Historiador de la Ciudad, y de Damaris Arencibia, investigadora del Museo Municipal, esta parte de Jaruco fue protagonista durante muchos años de una de las ceremonias más bellas y atractivas de la geografía habanera, “El encendido de Faroles y el Cambio de Guardia”, un rito que influyó en la sociedad jaruqueña de principios del siglo XIX. Osvaldo Correa y Damaris  Arencibia  narran en el libro: Ceremonia de Encendido de Faroles y Cambio de Guardia, que este se hacía en noches oscuras en las instalaciones civiles y  militares de los alrededores de la Plaza de Armas, en  ella participaban la Guardia Civil Municipal, la Casa de Ayuntamiento, el Cuartel de Bomberos, la Comandancia Militar y el Farolero, quien tenía la responsabilidad de encender los fanales de quinqué colocados en diferentes puntos del lugar desde 1837-, iniciaba su recorrido habitual  a las 8 de la noche, en la Comandancia, andaba los alrededores de la Plaza, las viviendas y las edificaciones de mayor arquitectura, momento que aprovechaban los miembros de la Comandancia Militar para efectuar el cambio de postas en las instalaciones civiles y soldadescas que dependían de su defensa.

 

Cuenta la historia además que el relevo en la Comandancia se ubicaba detrás del Farolero -después de prendidas las luces-antecedido por un abanderado y  un redoblante-.


Entones el jefe de escuadra daba la orden de salida y con paso marcial se dirigían a las dos garitas de la Cárcel donde se hacía el cambio. Acto seguido la comitiva continuaba su paso hasta el Ayuntamiento, allí ejecutaba la misma con igual marcialidad práctica para después avanzar por la avenida 26 y de ahí regresar al punto de partida –la Comandancia Militar- colofón de la ceremonia. Durante mucho tempo prender los faroles y cambiar la guardia en la Plaza de Armas representó una costumbre para la sociedad jaruqueña de dos siglos atrás. Usanza que desapareció con el paso de los años, para retornar después de 2001 como parte de las tradiciones culturales más autóctonas de la Ciudad Codal, gracias a las investigaciones de Osvaldo Correa y de Damaris Arencibia.

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