Mi derecho al voto

Hoy es once de marzo de 2018. A las doce de la noche adelanté una hora en el reloj. Menos mal que el cambio de horario no me jugó una mala pasada. Debía estar a las siete en punto en mi colegio electoral para votar entre los primeros. Es que, este año, tengo significativas razones para ejercer mi derecho al voto bien temprano y con responsabilidad.

 
Mi colegio se siente como una fiesta de barrio. Sintonizan Radio Jaruco. Saben que hay una programación especial que acompaña las elecciones… Música, promociones, el horario de los partes… Entro y me reciben con alegría. Ya me esperaban.  Son personas de mi circunscripción. Algunas llevan años en esta mesa electoral. Están bien preparadas.


Después del saludo, muestro mi carnet de identidad; comprueban que estoy en el listado, y firmo al lado de mi nombre. Me entregan las boletas. La blanca para votar por las candidatas a la Asamblea  Provincial y la verde por las diputadas al parlamento. Todas son mujeres. Y delegadas, como yo.  Sí, porque esa es una de las razones por las que debo ser ejemplo para mi comunidad. Por primera vez, voto como delegada de mi circunscripción.


Me dirijo a la casilla de votación y ejerzo mi derecho ciudadano de votar secretamente. Lo tengo claro. Marco en los círculos de ambas boletas. Las elijo a todas… Mujeres cubanas, trabajadoras, federadas; algunas profesionales como yo. Estaré  bien representada.


Los pioneros me reciben con un saludo alegre.  Deposito mis boletas en las urnas correspondientes y escucho sus voces. ¡Votó!
Me despido y saludo con orgullo a los muchos electores que ya esperan para votar. Es posible que, como yo, trabajen este domingo, en que también, por primera vez, haré la cobertura periodística a unas elecciones. Las primeras, desde el triunfo de la Revolución, que ha vivido el pueblo cubano sin la presencia del Comandante en Jefe Fidel Castro.

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