La canción de Berta

Berta, mi vecina, recoge la primera cosecha de su cantero de ají en vísperas del paso de la tormenta tropical Laura.


Las plantas crecieron verdecitas y vigorosas bajo el encanto de las manos de esta mujer, enamorada de la tierra y de su pedacito.

Algunas flores anuncian los nuevos frutos que recogerá mientras, otros retoños diminutos todavía, podrían aromatizar la comida de mucha gente del barrio, si no se atraviesan el vendaval y las lluvias mentadas por el Dr. Rubiera, me dice ella con cierta preocupación.

Pero esto del cantero de ají, es tan sólo el más reciente de sus logros como cultivadora perseverante, cuidadosa y sabia.

Al fondo de su patio, un platanal que fue literalmente chapeado en 2017 por el huracán Irma, se yergue en toda su hermosura dejando ver tiernos racimos entre banderas de esmeralda.

Mangos de distintas especies, su árbol de paraíso que parece tocar las nubes y el aguacate que la ha regocijado con tantos frutos, y que tanto hemos saboreado los de su comunidad, constituye su patrimonio más valioso.

Recorrer su parcela, observar el progreso de unas plantas y ayudar al avance de otras, es parte de su misión diaria y de su felicidad.

Para una mujer como Berta Vasallo Oliva, sin academia ni títulos y que hizo de todo para criar a sus hijos y sustentar su hogar, desde cuidar animales, labrar la tierra hasta cocinar con leña durante los años más duros del periodo especial, en una unidad de la Empresa Pecuaria Genética Valle del Perú, fecundar su pedacito es más bien su paseo preferido.

Entregarse a esa suerte de viaje espiritual, es tal vez lo que mantiene joven su fuerza, resplandeciente su energía y colmado su buen ánimo.

A veces me ha dicho que le duelen las piernas y los brazos y que está cansada de trabajar tanto, pero de inmediato se pronostica nuevas faenas y metas con una seguridad que refleja, bien clarito, en el arco de sus cejas y en el rayo que surca su mirada, y que reconozco como su sentencia definitiva, indoblegable.

A Berta todo le queda bien y las cosas parecen obedecer a sus deseos en lo que resulta el más eficaz de sus encantamientos: la cocina.

De modo que es una gloria probar sus dulces, su fricasé, sus tamales o un simple café colado por ella.

Un comentario en «La canción de Berta»

  • el 3 de septiembre de 2020 a las 3:34 PM
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    marlenis me encantan tus artículos, me encanta como te creces y lo orgullosa que estás de tu barrio, gracias amiga, vecina, comadre en fin familia que es lo que realmente eres. exitos siempre

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