La fábula de Iraida +(Fotos y Video )

En un pueblecito de Niquero, en Granma, una niña cura y venda las heridas que el padre trae en los brazos después de un día de dura labor en el campo.

Un poco de mercurocromo, una pomadita y alguna tira vieja, sirven a su deseo de sanar a esa persona tan entrañable, sin presentir que iniciaba así el viaje a su destino: la Enfermería.


Aquellas reminiscencias de su infancia vuelven por estos días a Iraida Benítez Hernández, como la película que se ve a través de la ventanilla de un tren en marcha. Han trascurrido más de tres décadas desde entonces, y ahora no se trata de restañar llagas o arañazos, la pelea es más dura, es contra el nuevo coronavirus COVID 19.

El mal trastocó todo en el planeta y en el afán de ordenar el caos ella, como parte del Contingente Internacional Henry Reeve fue a parar al Hospital Dr Belisario Domínguez de Ciudad México, donde fallecían a diario entre 20 y 25 pacientes al inicio de la pandemia.

Cuando llegó a fines de abril a la institución, algunos médicos y enfermeras habían muerto y otros se habían marchado temerosos de la brutal enfermedad.
Iraida sirvió en un Centro de Diagnóstico Integral (CDI), de Venezuela, desde el 2010 al 2013, pero nada de lo que vive y enfrenta en la institución mexicana se asemeja a lo que hizo y aprendió en la nación bolivariana ni en toda su carrera profesional en Cuba.

A lo complejo de lidiar con un virus invisible y superconagioso que la obliga a vestir un traje asfixiante en las horas de servicio, se sumó la ojeriza del personal sanitario nacional en los primeros días de su llegada, algo que respondía a las calumnias diseminadas en Estados Unidos y otros países de América Latina sobre las brigadas médicas cubanas.

La enfermera de Jaruco Iraida Benítez emocionada con gesto de agradecimiento.

Pero bastaron unas cuantas jornadas de trabajo en común para que cambiaran su actitud y reconocieran, no solamente la solidaridad sino también, “la profesionalidad y la preparación de los colaboradores de la isla”.

La confianza, la gratitud y el afecto afloraron poco a poco en los colegas mexicanos y en la población que encontraba alivio y esperanzas en los profesionales recién llegados.

La más reveladora demostración de cariño de la tierra azteca les llegó con una marea de letras y colores que les estalló en los ojos, cierto día cuando llegaron al lobby del hotel donde se hospedan.

Iraida Benítez y Arian Medina enfrentan el coronavirus en México.

Resulta que los nombres de los más de 200 colaboradores cubanos alojados en el lugar cubrían un cristal. Los habían escrito en tiras de papel que colocaron en un hermoso desorden, cual olas, aplausos, besos, abrazos….

Además de Iraida, otros tres profesionales de la Enfermería de Jaruco, municipio de Mayabeque, también se enrolaron en esta misión contra el coronavirus, en México. Uno de ellos es su esposo, Arián Medina.

El halo del virus oscurece el aire citadino y opaca la alegría de la gente, pero en medio de tantas tensiones, confiesa, algo misterioso abrillanta sus días. Y es que muy cerca de donde se encuentran está el Centro Cultural José Martí y justo allí, una estatua del Maestro cuya presencia, inexplicablemente, los convida a obrar por la sanidad y la vida, por la igualdad y la justicia, sin dudar y sin cansarse.

La Plaza El Zócalo y unos edificios de arquitectura fascinante que conversan de épocas ancestrales, ambientan el escenario donde les ha tocado actuar en los días más tristes y gloriosos de la humanidad, pero ambos, Iraida y Arián coinciden en que “no hay suelo más lindo que el suyo, con esa bandera y ese himno que al escucharlo les pone la piel de gallina.”

Iraida pertenece a la hornada de los primeros graduados de la década de los 80 en Cuba, de Licenciados en Enfermería, una carrera que según ella, elige a quienes tienen humanismo, dedicación y amor; con esos dotes basta para abrazar el oficio, afirma convencida la mujer de 48 años de edad.

Dos hijos y sus hermanas, Noelvis y Yania, embellecen la vida de esta enfermera que ostenta el grado de Máster en Urgencia y Emergencia Médica, y ha llegado, por méritos propios, al puesto de Jefa del Departamento de Cuerpo de Guardia del Policlínico Docente Integral Noelio Capote, en Jaruco.

Jamás temer al trabajo difícil ni al camino largo, son sus distintivos y tal vez, la mejor herencia de sus padres: el campesino y albañil que se ganó la vida con honradez y la ama de casa que lo mismo limpiaba un surco que cuidaba niños, pero siempre con la misma pasión, igual constancia y permanente amor.

En aquel hogar humilde sin adornos ni riquezas, aunque bendecido con cariño y bondad en abundancia, creció la enfermera cubana Iraida Benítez.

Anote su nombre y recuerde la fábula de esta mujer nuestra, que siempre ha estado en el bando de los Valientes.

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