Donde lloran los libros

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Marlene Caboverde

Marlene Caboverde

Periodista de Radio Jaruco y Editor Jefe de la Redacción Digítal
Marlene Caboverde

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Dice un proverbio hindú que un libro cerrado es un alma que perdona, pero uno destruido, es un corazón que llora.
Y el lamento puede venir, es cierto, porque los libros están propensos a enfermar por hongos, bacterias e insectos, pero también es verdad que su vida útil depende de la voluntad, las condiciones y los recursos para mantenerlos.

Libros de la Biblioteca Municipal Antonio José Oviedo. Foto Marlene Caboverde

De esos tres medios quiero subrayar, la voluntad, en el caso de la preservación de la literatura impresa, y voy a referirme específicamente a la Biblioteca Municipal Antonio José Oviedo, de Jaruco.

Hace un par de semanas las bibliotecarias reorganizaban el fondo bibliográfico de la institución, favorecida recientemente, con más de una decena de nuevos estantes.

Por esos días el inmueble también era objeto de acciones de mantenimiento, otra vez en menos de tres años, (y sin concluir aún), y es que los últimos trabajos fueron como verter agua en una cesta.

De modo que no se ha detenido la humedad, causante principal de los hongos, que según los expertos en el tema, ya están entre sus hebras, incluso sobreviven al proceso de creación del papel.

Menos humedad, afirman, es más saludable para la buena salud de los libros, y en la biblioteca de la Ciudad Condal ésta ha sido una inquilina permanente.

A ello súmele los parásitos que viven a sus anchas saciándose sin importarles título o escritor. Pero esos bichitos también tomaron hace tiempo los viejos estantes, sobre los cuales, subrayo, recolocarán parte de la bibliografía en circulación.

Sin el tratamiento adecuado que esto requiere, el comején, las termitas, el moho y todo un rosario de males continuarán destruyendo los libros de la biblioteca de Jaruco.

Más de un centenar de volúmenes deteriorados estaban apilados en varias cajas el día en que visité el lugar, su destino: la basura, y aquella imagen absurda del descarte me dolió en lo más hondo.

“Lo primero que hay que salvar es la cultura”, clamó Fidel en los años más duros del período especial, y a pesar de la precariedad de aquellos tiempos se hizo bastante, incluso más de lo que se podía para preservar el patrimonio cultural.

A los libros y su promoción se han dedicado incontables recursos humanos y financieros en más de seis décadas de Revolución: las ferias itinerantes anuales son un buen ejemplo.

Pero en los últimos tiempos a la conservación de las bibliotecas de los municipios se les ha restado el valor y la importancia que merecen, por eso en muchas de ellas, desafortunadamente, siguen llorando los libros.

Marlene Caboverde

Periodista de Radio Jaruco y Editor Jefe de la Redacción Digítal

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