El Che vive

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Marlene Caboverde

Marlene Caboverde

Periodista de Radio Jaruco y Editor Jefe de la Redacción Digítal
Marlene Caboverde

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De Santa Cruz a Valle Grande unas diez horas de viaje. De Valle Grande a la Higuera, poco más de 60 kilómetros y unas tres horas de travesía. El viajero enfrentará un camino abrazado por la polvareda si es invierno, o inundado por los lodazales si decide hacer el trayecto en verano. No obstante, esos detalles carecen de importancia para quienes deciden ir al encuentro del Che Guevara.

Miles de personas de todas partes del mundo desandan cada año la “ruta del Che”, en Bolivia para intentar descubrir el enigma de un hombre devenido mito, santo laico, himno y estandarte, historia y razón,. Descubrir el sitio donde el Che renació y rejuvenece es una deuda muy íntima y múltiple en la que se encierran sueños, compromisos, esperanzas.

Las personas que hacen ese viaje, convertido en tour en las últimas décadas, ya no serán las mismas después. Se cumplirá casi siempre esa máxima de un buen profesor de Psicología, que nos adviertió, “luego de salir del bosque, el cazador no será el mismo ni el bosque tampoco”.

Entre los atractivos del lugar está un museo que revela a rasgos la ruta de los guerrilleros que en 1967 llegaron hasta allí procedentes de la Quebrada del Yuro, lugar donde el Guerrillero fue herido y donde hace algunos años esculpieron en una piedra como una profecía la frase, “el Che vive”.

Un busto gigante con la imagen que Korda inmortalizó, también engrandece ese sitio, anónimo hasta hace cuarenta años atrás. La escultura atrae a la gente como un imán, y allí se hacen fotos para llevarse el aliento quijotesco del luchador argentino cubano.

Los mismos campesinos de la zona que cultivan maíz, papa, ají, maní y trigo se trasmutan en guías turísticos. Eso también lo percibirá el visitante. Ellos se encargarán de revivir los sucesos de octubre de 1967 para causar una especial fascinación en los viajeros.

El peregrinaje incluye también la visita al antiguo aeropuerto de Valle Grande donde en 1997 hallaron los restos del Che y de la mayoría de sus compañeros, la réplica del lavadero en el Hospital donde reposó su cadáver y donde el aire permanece saturado de rezos, flashes y asombros.

Luego de culminar ese travesía, la idea de que el Che está vivo será más firme en la conciencia de la gente que quiso encontrarlo en La Higuera. Y es que el Che, como dijo Eduardo Galeano, “tiene la peligrosa costumbre de seguir naciendo”.

Pero su figura y su ejemplo asaltan desde todas partes: en una manifestación obrera, desde el mármol y la piedra, en parques y plazas, en los tatuajes y las camisetas, en banderas, postales y libros, en las canciones entonadas en mil lenguas distintas, en los cirios, las luces, los amaneceres.

Sin embargo, para llegar al Che no basta con perseguirlo en un rincón de la geografía boliviana o extasiarse con su historia en el memorial de Santa Clara. Sería más oportuno y necesario seguir esa invitación in insiste en repartir por todo el mundo su hija Aleida Guevara:

“El mejor homenaje no es rendir un día tributo a un hombre, es llevarlo a la práctica, es hacer realidad sus sueños. Entonces, más que una camiseta, más que una bandera es la actitud consecuente de nosotros ante la vida para que esa pérdida tan grande que sufrió toda la izquierda de la humanidad, no sea en vano. Por todos los medios intento que las personas entiendan que el Che no puede ser una imagen vacía: ES LA IMAGEN DE UN PUEBLO, ES LA IMAGEN DEL FUTURO, ES LA IMAGEN DE LUCHA POR UN MUNDO MEJOR”.

Marlene Caboverde

Periodista de Radio Jaruco y Editor Jefe de la Redacción Digítal

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