El cinematógrafo en Madruga

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Francisco Martínez Chao

Francisco Martínez Chao

Periodista y colaborador de nuestro Sitio Web
Francisco Martínez Chao

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Con las primeras luces del año 1913 llegó al pueblo de Madruga un elegante caballero, cargado de baúles y cajones. Al cruzar la verja del Hotel Las Delicias, extendió la diestra al mayordomo y le dijo con deslumbrante admiración:

¡Amigo mío cuando abra este cajón brotará la luz! El empleado frunció el sobrecejo y le ayudó con el equipaje.

¿Acaso el ilustre visitante era un ilusionista o un comerciante de lámparas de gas?

Pues ni uno ni lo otro, era nada más y nada menos que el notable músico cubano-holandés Hubert de Blanck, recién casado con Pilar Martín, una encantadora muchacha de esta pintoresca localidad, distante a unos 60 kilómetros al noreste de La Habana.

¿Y qué traía en esa caja el afamado compositor?

Un cinematógrafo que instalaría en una saleta que ordenó construir en el ala derecha del hotel Las Delicias, del que era su nuevo propietario.

Cómo en aquel entonces las películas no contaban aún con la banda sonora, la esposa de de Hubert tocaba al piano piezas musicales, mientras el hilillo de luz del proyector refleja en la pantalla las escenas del filme.

Así llegaron a Madruga Charles Chaplin, los hermanos Marx, Greta Garbo y Rodolfo Valentino, entre otras estrellas fundadoras del llamado Séptimo Arte.

Francisco Martínez Chao

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