Es cuestión de enamorarse

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Marlene Caboverde

Marlene Caboverde

Periodista de Radio Jaruco y Editor Jefe de la Redacción Digítal
Marlene Caboverde

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¿Qué excusa se necesita para enseñar y aprender? Creo que el sentido común, instinto de conservación y deseos de construir un mundo mejor a toda costa.


Esa pregunta, como una alarma, se enciende otra vez tras los malos resultados que arrojaron los exámenes de ingreso a la Educación Superior en el Preuniversitario Capitán San Luis, de Jaruco.

Se trata de un problema que supera el ámbito local y abarca de manera generalizada a todo el país, donde se hace casi viral la apatía de los jóvenes hacia la universidad.

Alumno de Preuniversitario . Foto Marlene Caboverde

Cursar una carrera implica esfuerzos, sacrificios y una cuota superior de perseverancia. De ahí que para alcanzar un título universitario es preciso transitar un camino donde hay espinas, pero también rosas.

La doctora Gisela Rubio Cabrera de Jaruco me contó cómo, en pleno periodo especial hizo la carrera de Medicina en La Habana, junto a otras coterráneas que hoy prestigian la comunidad médica de Mayabeque, como la Especialista de Medicina Interna Miriam Brito y la otorrinolaringólogo Olga Lidia Vicente, Jefa del Programa de Audiología en Mayabeque.

Cuentan ellas que estudiaban con velas o chismosas en las noches, que pasaban hambre y que trasladarse desde y hacia Jaruco, era una verdadera odisea. Pero de en medio de lo duro de aquella etapa floreció la calidad humana y profesional que las distingue hasta hoy.

Por estos días los padres somos de mantequilla y se la ponemos muy fácil a los hijos siendo demasiado permisivos, acatando sus órdenes, aceptando sus pretextos, inculcándoles que son el ombligo del mundo.

Pero la cuestión es lograr (familia-escuela), que cada alumno sea capaz de aquilatar sus capacidades, fortalezas y debilidades, y sobre ello trabajar. Los instintos o virtudes naturales también cuentan, lo que falta es descubrirlos, sacarlos a flote y nutrirlos.

Para eso los jóvenes necesitan ayuda y sobre todo orientación, y la vocacional es fundamental. La escuela y la familia, ambas de forma paralela, son las encargadas de esa misión de cuyo éxito depende que tomen la dirección correcta.

Los colegios universitarios constituyen un buen ejemplo de los pasos dados en favor de una preparación idónea como antesala a los estudios superiores, y los resultados son palpables en las instituciones del Ministerio de Educación Superior de Cuba.

Pero en el actual escenario algunos estudiantes (incluso muchos con talento), dicen adiós a la continuidad de estudios una vez concluido el Bachiller o doce grado, para acceder a un mercado laboral que les proporcione dinero contante y sonante. Y en no pocos casos, aunque se mencione poco, emigran del país.

Las causas son múltiples y pasan desde la formación cultural, hasta las condiciones socioeconómicas individuales. A unos los incitan los propios padres, a otros los apremia la necesidad, pero a fin de cuentas pierden en el momento ideal de sus vidas, la posibilidad de formarse como profesionales.

El desinterés de los alumnos por el estudio cuando están a punto de enfrentarse a los exámenes de ingreso, es un factor común que ponen sobre el tapete los profesores y los propios colectivos estudiantiles.

También está faltando la pasión del que enseña. Es verdad que el desafío de los pedagogos es enorme ante una generación que tiene expectativas diferentes, que se mueve en un contexto económico y social muy complejo, marcado además por profundas transformaciones en todos los órdenes.

Pero, como advertía un estudiante de onceno grado del preuniversitario de Ciencias Exactas de Mayabeque, “es importante la empatía entre alumnos y profesores, y también que estos, además de conocimientos sepan cómo enseñar”.

Yaray Hernández profesora Matemática. Foto Marlene Caboverde

Yaray Hernández Mesa, profesora de Matemática del Preuniversitario Capitán San Luis de Jaruco, se queja de la creciente desmotivación de los muchachos; decía que estos no estudian conscientemente, que son finalistas y que se ausentaron mucho a los repasos para las pruebas de ingreso.

Pero lo que les está faltando y es esencial, a mi modo de ver, es enamorarse. ¡Sí!, de la escuela, del profesor, de su futuro y de sí mismo. Y ese es el reto mayor de los docentes en la actualidad.

El profesor norteamericano de matemáticas Morris Kline, escritor de historia, filosofía y enseñanza de las matemáticas daba algunas claves para lograrlo y cito:

“Quisiera instar a todos los maestros a convertirse en actores. Su técnica en el aula debe ser apoyada por todos los dispositivos utilizados en el teatro. Los maestros pueden y deben ser dramáticos en clase. No sólo mencionar hechos, sino también aplicarlos. Se pueden utilizar incluso las excentricidades del comportamiento humano para despertar el interés. No debemos tener miedo al humor y debemos utilizarlo libremente. Incluso una broma irrelevante es enormemente gratificante para la clase”.

Esta suerte de consejo o invitación podría revertir en lo adelante la calidad académica en preuniversitarios y las escuelas de otras enseñanzas. No obstante, se impone revisar cómo trabajan y cómo viven ahora los maestros y profesores. Mejorar su situación es también urgente, diría que impostergable.

Marlene Caboverde

Periodista de Radio Jaruco y Editor Jefe de la Redacción Digítal

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