Fidel y aquella historia de amor (+ Fotos)

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Marlene Caboverde

Marlene Caboverde

Periodista de Radio Jaruco y Editor Jefe de la Redacción Digítal
Marlene Caboverde

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Cuando el maestro Raúl Barroso Hernández me propuso: “-Primero tengo que hablar de Fidel”, por un instante dudé de su cordura. Nos habíamos citado para conversar sobre su mujer, su “China”, como él solía llamarle, porque yo misma le sugerí que compartiera su historia de amor, pues tal vez así aliviaba la terrible tristeza que le había dejado su pérdida.

HAY QUE ESTUDIAR

Encuentro de Barroso con Fidel

Dicho eso, me mostró el recorte de una revista de 1960 que se llamaba “Unión Soviética”, y entonces contemplé a Fidel sentado en medio de un campo de cañas conversando con algunos jóvenes. Uno de ellos, el más próximo al líder cubano, “el que lleva la boina negra soy yo”, señala orgulloso.

El color negro de su boina significaba que era miliciano, pero sin escuela, así que luego de percibir ese detalle, Fidel en aquel cañaveral de la zona de Río Blanco, próxima al Central Hershey, hoy Camilo Cienfuegos, le dijo a los jóvenes que le rodeaban: “¡Hay que estudiar!”

“¿Por qué crees que me hice maestro?”, dijo emocionado el hombre de 79 años de edad. La respuesta era obvia. Y es en ese momento del diálogo cuando aparece Lina Cruz Mariño, su China.

MI CHINA Y LA ALFABETIZACIÓN

Barroso y Lina en la Sierra Maestra

Resulta que el llamado a alfabetizar de Fidel llega al batey del central Hershey de Santa Cruz del Norte donde vive él, pero a casi mil kilómetros, allá en la Sierra Maestra, una muchacha de 21 años también aplaude la idea, y se suma a los jóvenes de todo el país que marchan hasta sus montañas para enseñar a leer y escribir. Entre ellos se encuentra el joven Raúl.

Y en medio de aquella aventura se ven por primera vez. “Bastó mirarla para enamorarme de sus ojos y de su pelo largo”, recuerda él. “Mientras ella estudiaba su primer año de magisterio en San Lorenzo, a la vez que daba clases a los campesinos”, evoca con menos tristeza en la mirada.

Entonces detalla el reencuentro que tuvieron tras la campaña, en Topes de Collantes donde estaba la escuela de magisterio hermosísima que abría sus puertas a quienes estaban decididos a abrazar la profesión.

Recuerda la primera conversación “-Soy de La Habana, le dijo él. – Y qué, yo soy de Oriente”, respondió Lina. Aquel orgullo lo enamoró, reconoce. “No regalaba su confianza, ni tenía estirpe para subordinarse a un hombre, se negaba a abrirme la puerta, o al menos era lo que demostraba”.

Pero Barroso terminó conquistando a su China, y hasta pidió su mano frente al director de la escuela y a los padres de la muchacha, un requisito indispensable para dar luz verde al noviazgo.

DE TARARÁ A LA SIERRA MAESTRA
“Luego fuimos para Tarará donde estudiamos en el plan “Macarenco” por dos años. El rigor era tan grande, que apenas podíamos vernos. Incluso daban el pase a hembras y varones en fines de semanas alternos. Y así fue hasta que nos graduamos el 2 de diciembre de 1965.”

Raúl y Lina en su Boda

“Después cumplimos los tres años de servicio social en la Sierra Maestra, pero a mí me pusieron en Pilón de Manzanillo y a ella en Jarahueca. Cada cierto tiempo nos daban un descanso, y podíamos vernos, pero no estábamos casados todavía. Yo no podía vivir sin mi China, y a ella, te aseguro, le pasaba lo mismo.”

Así que él le envía un telegrama proponiéndole matrimonio. La boda se celebra en su casa del Central Camilo, el 16 de febrero de 1966, pero al regresar a la Sierra Maestra cada cual debió retornar a su puesto.

SIN SEPARARSE MÁS

Lina y Barroso

Sin resignarse a la idea de vivir distantes después de casados, Lina viajó a Santiago de Cuba, a la dirección de la Brigada Frank País García a la que ambos pertenecían. Estaba determinada, o la dejaban junto a su esposo o abandonaba el aula. Tal y como esperaba, el amor y la justicia prevalecieron.

De modo que un domingo luminoso ella se apareció con sus cosas en Pilón de Manzanillo. Aquella imagen es un tatuaje en la memoria del hombre, todavía enamorado a pesar del tiempo transcurrido. “Llegó para quedarse conmigo y desde entonces, no nos separamos más.”

Diez meses más tarde nació la primera de sus tres hijas, pero el servicio social era estricto y no podían abandonarlo. La niña se quedó al cuidado de la familia de Barroso en La Habana hasta que cumplieron la misión.

EL REGRESO
A su vuelta les esperaba una casa en la escuela rural ubicada en una zona el poblado de Caraballo conocida como Los cuatro caminos, donde ella trabajó como maestra, y donde vive todavía el profe Barroso.

Pero los dos continúan estudiando y van juntos a la Universidad de Matanzas donde se licencian en Historia. Cuando se funda la Secundaria Básica Amado Contreras en esa misma población, Lina ejerce allí el magisterio y sigue superándose hasta hacerse especialista en Filosofía y Sociología.

Trabajando sin parar y amándose mucho consolidaron una familia en la que la esencia de ambos está reflejada. “Cuando veo a mis tres hijas, Lina, que es de Economía, Mage, médico, una gran oftalmóloga y Mayret, Licenciada en Educación, veo la continuidad de mi China”.

Profesor Raúl Barroso. Foto Marlene Caboverde

LA PRESENCIA DE LINA
Barroso me condujo por su vida y me entregó sus recuerdos más entrañables en su propia casa, donde siento la presencia de Lina, y donde mi mente se arriesga a dibujarla como él la describe, asomada a la puerta con el café recién hecho y el vaso de agua listo para su viejo obstinado, que se niega a dejar la escuela y el aula.

La mesita donde comían juntos, que era a su vez el puesto para preparar sus clases y corregir libretas, sigue allí, en el mismo lugar, pero sin sus libros y papeles, recuerdos que están hoy a buen recaudo junto al radiecito del que casi nunca ella se despegaba.

Barroso en su casa. Foto Marlene Caboverde

 

Los sillones, en la misma posición, el de la derecha era el suyo, y al parecer le sigue perteneciendo. Las orquídeas del patio, no todas sobrevivieron sin sus cuidados, pero en algunas asoma el color y la ternura que las fecundó.

Entiendo por qué le resulta tan difícil al profesor Barroso despedirse de su China, a más de un año de su fallecimiento. Lo que hizo, lo que más ella amaba salta desde todas partes: en los adornos de la sala, en las fotografías de los nietos y hasta en la pared que quiso pintar o la puerta que soñó reparar.

Dos personas que jamás hablaron de la muerte como si fueran invencibles, que construyeron una carrera, una familia y una vida con tanto en común, pero por sobre todas las cosas con un amor inefable, difícilmente puedan decirse adiós.

Pero hay algo, sospecho viendo sus fotografías y luego de escudriñar en su historia, que Lina todavía cuida, consiente y hasta inspira al profesor Barroso. De alguna forma misteriosa ella sigue siendo la canción en su oído y el latido de su corazón.

A sus 79 de edad, el profesor Raúl Barroso Hernández continúa siendo un apasionado de Fidel y trabaja como Asesor de los profesores de Historia Contemporánea y Moderna y de Educación Cívica en la Dirección Municipal de Educación de Jaruco, en Mayabeque. 

Fotos cortesía de Raúl Barroso

Marlene Caboverde

Periodista de Radio Jaruco y Editor Jefe de la Redacción Digítal

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