Los disparates en la historia

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Angel Ribot

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Colaborador de nuestro Sitio Web
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Los disparates tanto históricos como geográficos han existido a lo largo de la historia quien sabe desde cuando. Y como la soberbia es el camino más corto de los que conducen hacia el desatino, son famosas algunas estupideces increíbles, tanto nacionales como internacionales.

Entre los primeros es famosa la anécdota de aquel candidato que en una campaña electoral de los años treinta prometió en un encendido discurso a los electores, la construcción de un puente, y cuando le advirtieron que allí no había río, respondió apasionadamente “pues hacemos un río también”.

En estos meses, trascendió que el actual aspirante republicano a la presidencia de Estados Unidos, señor McCain, que se supone que es un especialista en política exterior; pero tiene más de 70 años de lucidez dudosa, le dijo a una periodista de la ABC, que la situación en la frontera entre Iraq y Paquistán es muy dura. Sólo hay un problema. Entre Iraq y Paquistán no hay frontera, hay un país de 1231 Km de ancho, que se llama Irán. Quizás el político norteamericano considera que es sólo un gran campo de fútbol.

Todos conocemos que en muchas ocasiones la prensa sensacionalista de Estados Unidos ha anunciado desembarcos e invasiones por puertos y bahías cubanas, ubicados en lugares de nuestra geografía que no tienen costas.

Pero esos desaciertos no son nada nuevos, pues hace más de un siglo, precisamente a raíz del incendio de Jaruco por las fuerzas mambisas, ante la demostración de beligerancia del Ejército Libertador, que culminara en el efecto devastador de las llamas, el ministro de guerra español exigía a Valeriano Weyler, Capitán general de la Isla, una respuesta, y éste decide atrapar a Maceo y Gómez, que debían reunirse en algún punto cercano a San José de Las Lajas.

Entre las órdenes impartidas para lograr ese objetivo, Weyler dispuso que una de las columnas detenida en el Paradero de El Rincón, tomara el ferrocarril hasta San José. En su soberbia, el sanguinario Conde de Tenerife y Gobernador General de la Isla de Cuba, no pensó que para enviar el tren desde El Rincón hasta San José tenía que tirar primero las vías férreas, porque entre esos dos puntos no existía ninguna línea de ferrocarril.

Angel Ribot

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