Los sabores y colores de Jaruco en el Chu-Chu-Wah
Marlene Caboverde
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Como unas manos que esperan para abrazarte, es el restaurante Chu-Chu-Wah de Jaruco.
Apostado justamente al lado de línea ferroviaria, extiende un saludo cálido a los recién llegados que bajan del único tren eléctrico de Cuba.

Pero además de su posición ideal, se trata de un establecimiento temático que te cuenta de Jaruco, de su identidad, y por supuesto del ferrocarril.
Así cumplía su propósito Darien Bello González, un joven de 36 años de edad, graduado de Técnico medio de sistema eléctrico industrial, pero un amante de la culinaria, y por sobre todas las cosas, según afirma, un exigente comensal.
Cuenta que nació “pegado a la línea del tren”, en una casa muy próxima al Paradero Carretera, en San Antonio de Río Blanco, y que fue arrullado en su infancia con el sonido de los vagones en aquellas vías, entrañablemente queridas.

A ello se debe que los nombres de todos los paraderos del también conocido y centenario Tren de Hershey, sobresalgan en su interior, diseñado también con otros elementos que se vinculan a esa historia.
El lugar fue concebido de modo que apareciera al paso de la gente como una perenne bienvenida, de ahí que, sin puertas, ni ventanas, ni barreras arquitectónicas invita a todos y ofrece para los gustos y las posibilidades económicas más diversas.
El rollito de cerdo Chu-Chu-Wah es la especialidad de la casa, y ver cómo los chef preparan este y otros platillos, es una de sus cartas de presentación, poco común en los restaurantes o cafeterías del país.

La limpieza, el orden y el buen trato también distinguen al ya emblemático restaurante de la Ciudad Condal de Mayabeque, donde los 14 trabadores dicen sentirse a gusto por el ambiente acogedor, por la compensación salarial y porque definitivamente, forman una familia.
Como una perla que con su fulgor insiste en borrar los grises de una urbe añeja (1770), destella con los colores rojo, blanco y negro, siempre brillantes, como las vajillas, los suelos, los muros, las paredes.

Toda esa imagen impecable es resguardada con celo por todos, especialmente por Darién, quien vela también porque los sabores y los aromas sigan conquistando estómagos y corazones.
Hoy este emprendedor, inconforme con el éxito económico de su negocio, proyecta la creación de un museo que disemine y proteja la historia del desarrollo ferroviario en esta región.
Antes de cerrar el año aspira incluir esta opción en su paquete para recibir en el paradero del tren de Hershey de Jaruco, a los primeros visitantes cubanos y extranjeros que disfrutan de los destinos de sol y playa enclavados en el litoral norte de la provincia.
Por esas y otras razones el restaurante Chu-Chu-Wah de Jaruco es orgullo de esta tierra y del servicio de la gastronomía del sector no estatal, que sigue ganando, pese a no pocas carencias y dificultades, espacios y seguidores.