Martí, el predicador del amor

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Marlene Caboverde

Marlene Caboverde

Periodista de Radio Jaruco y Editor Jefe de la Redacción Digítal
Marlene Caboverde

En la Octava avenida y calle 13 de la ciudad de Tampa, en Estados Unidos se levanta el Parque Amigos de José Martí, como un recordatorio de los puentes construidos por el Maestro entre los emigrados cubanos con su historia y su patria.
“En el mundo, si se le lleva con dignidad, hay aún poesía para mucho“, es la frase puede leerse al fondo de ese sitio donde se levanta una escultura con la imagen de Martí y donde en 1892 se encontraba la casa de la familia Pedroso, el hogar de Paulina, su “madre negra”, como la llamó luego de los cuidados que ésta le prodigó cuando fue envenenado.

En esa ciudad encontró más amor que odio, lo que le permitió descollar como un genio político fascinante que tenía en sí mismo las virtudes esenciales del buen orador: pasión, elocuencia y sinceridad.

De ahí que todos, especialmente los tabaqueros, cayeron rendidos ante su verbo ardiente. No pudo ocurrir de otro modo, y es que como dijo el historiador de La Habana, Eusebio Leal: “Martí es capaz de ser entendido, y fue mayoritariamente entendido por una multitud iletrada, de trabajadores. Y era también entendido por los intelectuales, y por los españoles que lo escuchaban, era un hombre de corazón, del convencimiento, de la persuasión.”

Bastaron unos pocos encuentros con la emigración para que el deseo de liberar a Cuba se reavivara en el alma de los cubanos buenos del exilio. Así fue cómo surgió el Día de la Patria en las tabaquerías de Tampa y Cayo Hueso donde los obreros donaban la paga de un día a la causa revolucionaria.

La historia recoge veinte visitas de Martí a la Florida en un plazo de tres años, un tiempo que dedicó como subrayó Eusebio leal, a predicar “la construcción de una nación nueva basada en principios de justicia, de toda la justicia posible.”

Su obra rindió frutos. Lo principales generales de la Guerra Grande y pese a las diferencias, lo secundaron en la idea de poner “alrededor de la estrella, en la bandera nueva, esta fórmula del amor triunfante: Con todos, y para el bien de todos.”

Así se fecundó la Guerra necesaria que comenzó un 24 de febrero hace ya 125 años, y así fue como, entre las palomas y la luces del Maestro se trazó un camino sin retorno hacia la verdadera independencia.

A esas lecciones de José Martí siempre habrá que regresar para entender por qué él es ese misterio que persiste en acompañar y unir a los cubanos de aquí con aquellos que aún estando lejos, también aman y defienden a su patria.

Marlene Caboverde

Periodista de Radio Jaruco y Editor Jefe de la Redacción Digítal

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