Mitad canario, mitad jaruqueño

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Durante casi 10 años en este difícil ejercicio del periodismo, y tras mis largas horas de investigación en busca de información relacionada a la historia de Jaruco, confieso que no fue hasta hace solo un par de semanas que descubrí, al menos desde mi modesto criterio, a uno de los hombres más relevantes de este terruño.

Río de Jaruco

No me refiero a un artista, un deportista, ni siquiera un médico o científico nacido aquí en la Ciudad Condal; estoy hablando de un español, que muy bien se aplatanó en Cuba.

Florencio Manuel del Sacramento nació en 1814 en Las Nieves, Islas Canarias, y llegó a la Isla cuando contaba 14 años de edad junto a sus padres Blas Pérez Pérez y María González Leal.

El suyo fue uno de los tantos viajes que marcaron esa gran oleada de emigrantes canarios, que llegaron a Cuba en el siglo de XIX.

El joven Florencio se estableció en la entonces Villa de Güines, y allí se interesó por temas relacionados a la construcción, la carpintería y aprendió, como pocos de la zona, a utilizar la fuerza hidráulica a través de una noria.

Diez años más tarde llegó a Jaruco, contaba en ese entonces, 24 años de edad. Justamente, gracias a sus conocimientos es solicitado para que interviniera en la restauración de la Iglesia San Juan Bautista de esta ciudad.

Los Chorritos de Jaruco.

Y fue durante aquellas faenas que conoció a la jaruqueña María de la Oz González Pereira, quien robó su corazón.

Con ella contrajo matrimonio en 1841, y decidieron asentarse en las márgenes del caudaloso Rio San Juan, donde levantaron su casa.

Bueno, seguramente usted se preguntara, ¿y qué tiene de relevante que Florencio, emigrante español, se haya casado en Jaruco… ?

Resulta que en 1845 y dado a su ímpetu creador, comenzó la construcción de una máquina noria, la cual sería impulsada por la corriente del rio, y para este fin hizo una presa a unos 300 metros de su casa a la cual nombró: ¨La Condesa¨, en honor a la historia de los famosos Condes de Jaruco.

Por cierto, allí hizo un criadero de peces, y en cada Semana Santa invitaba a los vecinos de la zona a limpiar la presa, tras lo cual les regalaba peces.

En ese proyecto Florencio construyó un canal para trasladar el agua desde la presa, que hoy a más de un siglo y medio se conserva debajo del puente del ferrocarril nacional.

Por cierto, la Compañía Inglesa a cargo de la construcción del puente, en 1850 respetó la idea de Florencio, de ahí que todavía podemos ver esa magnífica obra de ingeniería cuando bordeamos el rio de Jaruco.

Gracias a eso proyecto y con la fuerza del agua hacia la Noria, Florencio hizo posible otras labores, como desgranar maíz, acerrar madera y hasta obtener harina.

Incluso, los vecinos de los alrededores se beneficiaron con los inventos del referido señor, cuando llevaron el agua potable hasta el camino por una conductora, nombrada desde entonces y hasta nuestros días, como Los Chorritos de Jaruco.

Para 1870 el empírico ingeniero Florencio construyó un horno de cal para obtener parte de la materia prima que utilizaban los ingenios, Nuestra Señora del Carmen, Lotería y San Francisco, entre otros.

En ese horno también se realizaron trabajos artesanales y hoy se conserva en el el patio de uno de los vecinos de la zona del rio de Jaruco.

¨El Colmenar¨, o sea, la finca del canario Florencio, también fue reconocida por sus exquisitas mieles, comercializadas incluso en La Habana.

Como hombre extremadamente católico fue asignado Procurador de la orden de la Hermandad del Santísimo en Jaruco hasta 1898, fecha en la que falleció.

Su religiosidad era tal que Don Florencio Manuel del Sacramento hizo una cruz de madera, la cual arrastraba en cada Semana Santa hasta 1890 cuando decidió donarla a la Iglesia San Juan Bautista, donde se conserva en el templo católico.

Lo cierto es que a este señor, muy poco conocido entre los jaruqueños, se le debe recordar y agradecer porque marcó un antes y un después en el impulso de obras sociales y económicas en Jaruco.

Aquí llegó desde Islas Canarias Don Florencio y aquí le atraparon dos grandes amores, el de su esposa María, y el que sintió hasta su muerte por la bella Ciudad Condal.

Yuniel Rodríguez

Periodista

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