Travesía: testimonio de un migrante cubano (+ Audio)

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Marlene Caboverde

Marlene Caboverde

Periodista de Radio Jaruco y Editor Jefe de la Redacción Digítal
Marlene Caboverde

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“…..las puertas que se abren, mágicamente, al paso del dinero, se cierran en sus narices. Algunos consiguen colarse. Otros son cadáveres que la mar entrega a las orillas prohibidas, o cuerpos sin nombre que yacen bajo la tierra en el otro mundo adonde querían llegar.”
Eduardo Galeano

Él estaba entre los 68 cubanos que llegaron a La Habana el 27 de marzo de 2019 deportados desde México. Es un joven de 30 años de edad que regresaba con las cicatrices de un viaje azaroso por 13 naciones de Latinoamérica.

Aunque carece de las herramientas o la vocación del buen narrador, sus gestos y sus palabras fueron suficientes para sopesar lo terrible de aquella vivencia suya, que, infortunadamente, sigue repitiéndose en cientos de voces.

Como suele suceder en las realidades de la mayoría de los migrantes, su historia sin broche de oro al final, queda en la memoria como esa lágrima que corre hacia dentro y empapa de tristeza el alma.


Cuba-Guyana-Brasil-Bolivia
“Yo salí el 29 de diciembre de 2018 de Cuba. Fui para Guyana y allí “me eché” como tres días. Estuve metido en una casa. Salimos a comprar comida una vez nada más. Sí podíamos salir, pero no queríamos. Todos los que estábamos allí éramos cubanos y eran cubanos también los que te ayudan a salir del país.

Después cogimos una avioneta y fuimos para Brasil. Nos estaba esperando un carro que nos cruzó la frontera. Allí te ponen un cuño por tres meses. De Brasil fuimos en un carro para Bolivia, enseguida nos montaron en una guagua y nos llevaron para un lado para coger otros carros. Eran siete horas más de camino, y nos llevaron para Chile”.

Chile
“Pensábamos que en Chile nos iban a ayudar y que nos iban a dar papeles, pero en aquel momento no estaban dando papeles. Conmigo iban dos parejas y un muchacho. Allí estuve como quince días. Trabajé en un campo con unas personas recogiendo manzanas. Con lo que pagaban te daba para comer y pagar la renta. Allí era verano en aquel momento.

A las nueve y media de la noche es que allí empieza a oscurecer, y por la mañana hace un frío, más o menos como el frío que hace aquí en invierno. Salíamos de la casa a las seis de la mañana, llegábamos a las siete y a la una salíamos del campo. Después de todo decidí seguir, tenía dinero todavía para seguir, aunque de Cuba mi familia me mandaba dinero para Estados Unidos y de allí me lo enviaban para Chile”.

Perú
“De Chile pasé para Perú. Allí nos reunimos con otra pareja más. En Perú todos los policías esos son unos corruptos. Ahí te revisan, y a las mujeres les tocan hasta sus partes, a los hombres igual. Donde tú tengas el dinero te lo encuentran. Y te piden dinero para seguir o te echan miedo que te van a deportar. Y como todo cubano, siempre le das el dinero.

Yo tenía casualmente en esos momentos 120 dólares, dos billetes de 50 y uno de 20 que había echado dentro del pasaporte. Y cuando me revisaron me cogieron los 100 dólares. Había picado la faja del pantalón y los había puesto dentro. Donde te lo pongas te lo descubren.

Allí decidimos coger un coyote para que nos llevara más o menos hasta la selva. ¡Esos coyotes, lo que hacen es estafarte! Te piden 300 por cruzarte una frontera o 500, todo es en dólares. Ese coyote nos iba cruzando, nos metía en una casa y así”.

Ecuador-Colombia.
“Después llegamos a Ecuador y enseguida cruzamos a Colombia donde está la selva. La parte más difícil fue allí. Fui para un lado, que ahora no recuerdo el nombre. Te montan en una lancha donde pasean los turistas, y es legal porque antes pides un salvoconducto. Y es entonces cuando te llevan a la selva.

Un coyote nos guió un día y una noche entera. Luego nos encontramos con unos paramilitares, pero no nos dejaron entrar a donde de verdad estaban ayudando a los cubanos, que los montan en un barco y luego en una avioneta privada hasta Panamá. Nosotros no corrimos esa suerte, tuvimos que atravesar la selva completa”.

La selva
“En la selva estuve seis días porque caminamos bastante. Hay una loma que se llama: La loma de muerte, un lugar demasiado alto, muy peligroso. Ahí se mueren las personas, se deshidratan y pueden perderse, se pueden caer también.

Vi en el camino a una persona muerta. Era un hombre, tenía mucha peste. No parecía ser cubano, dicen que era haitiano. Pero los mismos indios comentan de cubanos que han muerto por allí. Yo nunca vi a nadie que se cayera, por lo menos entre los que iban conmigo. Pero dicen de una niña que se había caído y la mamá se tiró atrás. Las dos fallecieron.

Miedo se tiene. Hay cubanos que se ayudan, otros no. Allí es la supervivencia. Nosotros ayudamos a dos personas para que subieran porque no podían más, y hasta tuvieron que parar para descansar.

El coyote que iba con nosotros nos ayudó bastante, nos subió hasta la mitad de la loma. Después seguimos nosotros, nos había dicho que siguiéramos a mano derecha todo el tiempo por un trillo que estaba hecho.

Pasamos como cuatro días en eso. De ahí rompimos en el río. Es del ancho de una carretera o más, con muchas piedras, y teníamos que atravesarlo. Nosotros llevábamos bastante comida.

Luego llegamos a la casa de un hombre que le dicen, El Abuelo. Un yerno de él nos explicó cómo teníamos que llegar a la carretera Panamericana, en Panamá”.

Panamá-Costa Rica
“Ya en Panamá cruzamos los retenes. Nos ayudó un hombre, le pagamos 300 dólares para que nos cruzara un retén. Al final nos engañó porque nos dijo que nos iba a montar en una guagua segura, pero era mentira.

Allí “nos echamos” varios días porque teníamos los pies llenos de ampollas, y no podíamos ni caminar. Tuvimos que pagar a otro coyote, una mujer que por 300 dólares nos cruzó para Costa Rica.

Allí se nos fue haciendo la cosa más fácil. Tú caminas con tu salvoconducto por los pueblos, tienes que atravesar el país. Vi a algunos cubanos, enseguida los conoces. Cogimos guaguas que suben por unas lomas.

Nicaragua-Honduras-Guatemala
“En cada país nos entregábamos. Decíamos que éramos cubanos, y la misma policía nos ayudaba a sacar el salvoconducto.

Después llegamos a Nicaragua, y allí los mismos policías nos pusieron una multa de 150 pesos. Luego nos montaron en una guagua que, por 30 pesos nos llevó hasta la misma frontera. Allí hay coyotes de cinco dólares, 30 dólares, según…y tienes que pagarles para que te brinquen.

Tú enseguida los distingues, ellos están esperando a los cubanos para cruzarlos. Los coyotes tienen una red en todos esos países hasta México. Eso es un negocio, como dicen ellos mismos: “los cubanos son una cajita de dinero.”

Después pasamos para Honduras de día, y todo salió bien. Luego vimos a gente que cruzó de noche y los habían asaltado, les habían disparado y mataron hasta a un caballo.

Luego seguimos para Guatemala. Allí tienes que subir una loma bastante alta, no como la de la selva en Colombia, pero está alta. Y allí te están esperando también los coyotes. De allí fuimos para México.

Para cruzar de Guatemala para México es por donde hay un río. Te pasan en unas balsas como de cámaras de tractor y madera. Cuando cruzas hay unos carros de alquiler. Nos montamos en una guagüita, y dijimos que nos llevaran para Tapachula donde daban los salvoconductos”.

México: Tapachula
“En el mismo Tapachula estaban los de emigración en una guagua, y pararon el carro. Ellos mismos tienen negocios con esos tipos. Allí nos pidieron el pasaporte y nos dijeron que en tres días nos iban a ayudar, que nos iban a dar el permiso de salida para que subiéramos para la frontera. Y como hasta ahí estuvimos cruzando, decidimos seguir con ellos.

Entonces nos llevaron para un lugar de emigración y nos dijeron: “quítense los cordones”. Eso era una prisión. Allí había muchos haitianos, árabes. Ese lugar estaba malo porque había mucha suciedad, mucha peste, mucha gente que tenía que dormir en el piso, en colchones afuera.

No te trataban bien, ni te dejaban llamar por teléfono. Estuvimos allí tres días y nunca pudimos hacer una llamada. Yo tenía un celular, pero te lo quitan, te lo quitan todo. Entonces nos dijeron que teníamos que pedir refugio o nos viraban para Cuba.

Y como todo cubano que no quiere virar, pedimos refugio. A los tres días nos llevaron a otro centro de detención donde nos dijeron que nos iban a ayudar, que nos iban a dar el papel. En aquel lugar había más limpieza. Había una persona que ayudaba, es decir hacía bien su trabajo para tenernos controlados porque los cubanos son un poco regados y también son explosivos.

Entonces nos dejaron llamar por teléfono. Había gente que llevaba cuatro días sin hablar con su familia. Llamé por fin, pero nos dejaban llamar nada más que una vez en la semana. Y cuando tratamos de llamar el lunes no nos dejaban.

Entonces formamos “bateo”, y cuando volvimos a llamar, a casi todas nuestras familias les habían pedido MIL 500 dólares para un supuesto abogado que nos iba a sacar de allí.

A mi familia no llegaron a pedírselo, pero a amistades mías sí, y a un muchacho de Aguacate le pidieron CINCO MIL. La familia mandó TRES MIL 500 dólares, porque él dijo que el otro dinero lo daba cuando estuviera afuera, y ese dinero lo perdió.

Después vino un supuesto cura que tenía que ver con el Papa, y nos dijo que nos iba a ayudar, que no le pagáramos a los de emigración, que eran unos estafadores. Entonces llamó al de emigración por teléfono delante de nosotros. Nos dio hasta su número de teléfono para que lo llamáramos por cualquier problema. Y después el hombre se fue.

Al otro día hicimos una huelga de hambre. Bajó el jefe de emigración y nos dijo que nos iba a dar respuesta el lunes a más tardar, que él nos iba a ayudar a sacar el permiso para salir. Entonces al otro día nos llamó a los que pedimos refugio. Nos dijeron que nos iban a llevar para otra prisión, que nos iban a ayudar, que el cura aquel había hablado para que siguiéramos. A los del otro grupo, que habían pedido salvoconducto, les dijeron lo mismo.

Entonces decidimos llamar al cura, y que no nos íbamos a montar en ningún carro. Éramos 68 pidiendo refugio, y de esa manera no pueden deportarte de ningún país. Llamamos al supuesto cura y nos dijo que sí, que nos montáramos en el bus. Pero nos llevaron para el mismo aeropuerto: dos policías para cada persona. Nos montaron en el avión y nos trajeron para Cuba”.

Cuba
“Llegamos a Cuba el 27 de marzo. Cuando nos bajaron del avión nos filmaron. Nos trataron muy bien y nos dijeron que íbamos a seguir nuestra vida normal, que lo que pasó, que porque quisimos emigrar no tenía nada que ver.

¿Que si perdí dinero? Bastante, ni he sacado bien la cuenta. SEIS MIL 500 dólares quizás perdí.

-Y ahora, ¿qué vas a hacer?

-¿Ahora? Tratar de salir adelante, yo me quedé sin nada. Ya voy a empezar a trabajar.
-¿Consejos?

-Yo no les diría a las personas que no se vayan. Hay quien llega y muchos no llegan. Pero esa trayectoria es muy difícil hacerla. Pasas muchos sacrificios y puedes hasta perder la vida, como hemos perdido a mucha gente.

Allá se ven bastantes niños chiquitos entre los cubanos, y eso es demasiado riesgoso para los niños, ¡bastante! Allí no están mirando eso, y te matan. En cualquier país del mundo sacan un revólver y te matan”.

FIN

Es difícil tener la certeza de que aquel muchacho que tuvo la suerte de sobrevivir para contar sus vicisitudes, no intentará otra vez la travesía hacia el sueño americano.

Quisiera pensar que desistió de la idea. A fin de cuentas, como advierte el escritor uruguayo Eduardo Galeano: “Los que vamos al dentista sabemos que las raíces al aire duelen”.

Marlene Caboverde

Periodista de Radio Jaruco y Editor Jefe de la Redacción Digítal