Los versos de Noilán +(Video)

Cae la noche y llegan las musas. Noilán las llama cuando el sol hace rato se fue a dormir y ellas, casi siempre, le obedecen.
Hace algunos meses este niño de doce años de edad sintió el inexplicable impulso que mueven las manos y agitan la sangre del creador, y desde entonces, no para de escribir.

Su inspiración despertó por primera vez y sin él esperarlo, cuando la incitaron los héroes y sucesos de la historia descubiertos en el aula.

El verso, síntesis del sentimiento humano, es lo que esparce en la hoja blanco, pero ese tropel necesitaba ser ordenado.

El padre de este joven poeta estuvo de acuerdo en que no sólo bastaba describir la belleza, era preciso hacerlo bien.

Y así fue como ambos llegaron hasta la Casa de la Cultura de San José de las Lajas.

Y fue allí donde Noilancito, como le llaman la familia y los amigos, descubrió y aprendió a usar las armas básicas para crear la décima sin embargo, cuando llegó la hora de entonarlas….

“Cantar no es lo mío, prefiero escribir”. Con ese pensamiento se alejó de los talleres y aunque la brecha entre él y su primera academia se profundizó por la pandemia del nuevo coronavirus, persiste en llenar de sueños las hojas de su cuaderno.

Los rostros de las personas que más ama cubren de brillo las décimas de ahora, y también incita su vuelo la COVID-19, que según él, “si estamos unidos es posible derrotar.”

Desde el aislamiento en su casa de la Comunidad Valle del Perú de San José de las Lajas, Noilán Marín Hernández desea que desaparezca el virus que lo separa de sus compañeros de la Secundaria Basica Antonio José Oviedo en la capital de #Mayabeque.

También añora los juegos de fútbol con los amigos del barrio, visitar a su familia y andar libre por su pueblo.

Dice que quiere ser médico para salvar vidas y para cuidar de los suyos, especialmente a Nayla, su hermana gemela, su otra mitad.

Respecto a la espinela, Noilán no ha prometido nada ni puede hacerlo; ella lo tocó con su varita mágica y la enfermedad de la lira, como todos saben, no tiene remedio.

De modo que las musas seguirán cantando en su oídos cada vez que quieran, aunque no anochezca, aunque él ni siquiera las llame.

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