“VIH- Sida, una mirada desde la familia”.

Desde hace varias décadas Cuba desarrolla una amplia campaña promocional y preventiva para evitar el contagio del VIH- Sida, que cuenta con el apoyo de instituciones gubernamentales, centros docentes, de la salud, los medios de comunicación, las plataformas digitales y la colaboración permanente de artistas y creadores.


A ello se suma la ardua labor de especialistas y promotores para la educación sexual en la capacitación a la población, aunque con marcado interés en los adolescentes y jóvenes, por ser estos grupos etarios los más vulnerables a contraer esta letal infección de transmisión sexual u otras que ya conocemos.

Sin embargo, no basta con ese empeño institucional cuando en la familia por ejemplo, no se habla de manera consciente con los menores de edad y jóvenes de casa. No soy absolutista, ni mucho menos pesimista; pero basta con conversar con muchachos y muchachas unos minutos para darnos cuenta que ese apoyo hogareño en muchos casos falta.

Hace pocos días realizaba un reportaje sobre la prevención a las ITS y el VIH- Sida, y entrevistaba a varios adolescentes del territorio; pero más allá de obtener sus impresiones sobre el tema, el intercambio devino en un debate de preocupaciones de mis entrevistados. Bastó solo con hacer una pregunta: ¿hablan sus padres y familiares sobre los peligros del VIH- Sida? Las respuestas muy concisas. “Poco; no lo suficiente; antes pero ya no; usa condón y olvídate de lo demás; busca en Internet e infórmate que ahí te lo dicen todo, entre otras barbaridades.”

Es evidente como padres y madres, en su mayoría se preocupan más porque sus hijas no se embaracen, o sus hijos, los varones, no embaracen a las muchachas. En otras palabras, las infecciones de transmisión sexual, pasan a un segundo plano.

No quiero adentrarme en el concepto de la palabra familia, ni las reglas que de generación en generación se mantienen en un hogar, pero lo que si estimo no puede obviarse es el acompañamiento a nuestros hijos e hijas en los temas relacionados con la sexualidad y sus particularidades.

Aclaro que no responsabilizo del todo a la familia, porque los adolescentes y jóvenes deben estar consientes de lo que hacen y cómo lo hacen en todo momento. ¿Y por qué hago esta observación? Pues muy sencillo. Ejemplo ahora mismo, la reposición de la telenovela cubana “La cara oculta de la luna”, que aunque fue estrenada hace casi una década en nuestras pantallas, el tema y por ende el conflicto de esa entrega televisiva tiene total vigencia en la Cuba actual.

Familias, no basta frívolamente decirles a nuestros hijos e hijas que utilicen correctamente el condón o preservativo, dicho sea de paso, ahora muy escaso en nuestras farmacias y unidades del comercio; la cuestión es sentarse con ellos y escuchar qué preocupaciones o inquietudes tienen respecto a su sexualidad, y luego desde nuestros conocimientos y experiencias hablarles, pero siempre disponiendo de ese ambiente de complicidad y sin barreras.

Del VIH-Sida, no nos podemos cansar de hablar, por tanto también corresponde a los mayores de casa conocer un poco más, sus consecuencias, fuentes de transmisión, en general sus causas. Logremos desde el hogar un ambiente de complicidad donde la comunicación y la orientación sean las formulas perfectas.

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