Yadira y la magia +(Video)

Pedro, es el que se porta mal, no quiere ir a la escuela ni hacer la tarea, me dice Yadira, refiriéndose a uno de sus muñecos favoritos.
En ese mundo de fantasía pasa algo de tiempo esta muchacha de #Jaruco, que cuenta 32 años de  acuerdo a su edad cronológica, aunque biológicamente, es como una niña de sólo nueve años.

Sale poco de casa porque es lento su andar, y porque hay que cuidarse del coronavirus, dice.

Pero sus ojos están desbordados de paisajes siempre diferentes, porque Radio Jaruco es su cometa, su barco, el tren siempre en marcha y el avión sin frenos que la lleva de paseo por el mundo.

Al amanecer ya ella está en sintonía, y a las diez y 30 de la mañana hace la llamada que espera el equipo del programa, “De ahora en adelante”.

Y mientras se ocupa de otras tareas: bordar, fregar los platos, barrer, dibujar o mirar libros y revistas, su oído sigue pegado a su emisora amiga, sin fallarle ni un sólo día.

La dedicación y constancia de Yadira, la esculpió en su espíritu, su mamá, Lazarita.

De ella aprendió que la buena presencia agrada a los demás y es inyección que pone a galopar las energías.

De modo, que para Lazarita, peinar su abundante cabellera, ayudar a vestirla, ponerle los zapatos y sugerir la pulsera o el collar que lucirá, es una misión tan importante como darle a su hija menor, la medicación y el alimento.

Yadira Marrero Díaz siempre sonríe, aunque a veces muestra un poco de carácter, si algo le sale mal.

Debido a la lesión estática del Sistema Nervioso Central y el retraso mental moderado agravado que padece, desde el mismo nacimiento, aprendió a caminar a los seis años de edad luego de una ardua rehabilitación con los especialistas y en un gimnasio, que su familia le improvisó en su propio hogar con tal de lograr el milagro de sus primeros pasos.

Así fue como, valiéndose de sí misma, pudo ir a la escuela especial de su municipio donde aprendió algunas manualidades y también lo básico de las letras y números.

Durante casi tres años desarrolló otras habilidades en el Taller Sociolaboral de Jaruco, que ya no existe, pero le mostró la fortaleza de sus manos y que ningún tesoro tiene tanto valor como ser independiente y útil.

Le encantan los dulces, bailar, el Programa La sombrilla amarilla y que de vez en cuando yo le haga la visita.

Es que Yadira, es mi amiga, pero no soy la única. La lista de la gente que la ama y se preocupa por su bienestar, es enorme.

Sus joyas de fantasía, la ropa bonita, juguetes y adornos de su habitación demuestran, cuánto esta jovencita le importa a los demás.

Sin embargo, su felicidad es plena cuando está cerca de la radio y escucha la Voz de la Ciudad Condal.

La entiendo perfectamente, es que junto a nosotros, Yadira, descubrió que la magia existe.

 

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