El aula en la casa + (Video)

Marlene Caboverde
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Estudiar en casa, hacerlo de manera eficiente y obtener buenos resultados son desafíos que enfrenta la familia cubana desde que llegó el nuevo coronavirus.
Sin la figura del maestro presente, vigilante, inquisitiva, la curva de interés en el estudiante puede caer, incluso tocar fondo si los padres o tutores restan importancia a las encomiendas escolares.
Herramientas para fomentar el aprendizaje y socializar contenidos hay muchas: la teleclase, los grupos de wasap o telegram, las enciclopedias virtuales, documentales…
Pero, ¿los medios tecnológicos están al alcance de todos?
Ninguna familia es igual a la otra y su acceso a las nuevas tecnologías de la información y la comunicación también difieren, no caben dudas.
Pero, más importante que agenciarse aparatos cuyos precios son astronómicos por estos días es lograr, desde la creatividad, que nuestros hijos progresen académicamente y no queden en desventaja respecto a los de su grupo escolar o etario.
Los expertos en el tema subrayan, que fomentar la actitud positiva es lo primero y lo segundo, crear un puesto de trabajo en cualquier lugar de la casa, pero en un ambiente adecuado, sin interferencias ni distracciones.
Concebir una planificación con horarios, lista de tareas y metas, que incluso puede confeccionar el propio estudiante, resultará de mucha ayuda.
No dejar para mañana lo que puede hacerse ahora es fundamental, porque si pospones una vez puedes continuar haciéndolo y al final… las actividades se acumulan causando agobio y frustración.
Idear tus propios concursos y premios, clases de cocina, jardinería, pintura… permiten combinar lo útil y lo agradable, mientras suavizas el estrés por el encierro y alivias la añoranza por la escuela, el aula y el grupo.
Si no dispones de aparato de televisión o el que tienes te impide grabar las teleclases, los laboratorios de computación de las escuelas ofrecen la posibilidad de visualizarlas allí, copiar los ejercicios y esclarecer las dudas con los docentes.
Tejer una red de colaboración con otras familias, amigos y colegas mejor preparados facilita el nuevo rol de padre-maestro que toca asumir en las condiciones epidemiológicas impuestas por la COVID-19 que, al parecer, se prolongarán en el tiempo.
Todo eso suena muy bonito, pensará usted, mientras se revisa a sí mismo, medita sobre su entorno y su gente. Pero subrayo algo, para educarse y aprender los hijos dependen, ahora mismo, más del compromiso plural y el interés común de sus convivientes, que de sus propios maestros y profesores.
Durante las guerras y en tiempos pasados que fueron muy convulsos otras generaciones estudiaron, dominaron la ciencia y la técnica, transformaron sus vidas y mejoraron el mundo.
Nada en lo adelante será fácil, al contrario. El aprendizaje autónomo se expandió y reclama su espacio en los hogares cubanos: en la mesa del comedor, el cuarto, la terraza, el patio, y por sobre todas las cosas en la mente de los adultos, de la familia .
La cuestión es adaptarse a esta idea que antes del coronavirus debimos asumir con gozo y responsabilidad: la casa es también escuela, aula y centro cultural importantísimo de nuestros hijos.

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