El Encanto

Era el 13 de abril de 1961. En la esquina de San Rafael y Galeano, en La Habana se levantaba una tienda por departamentos de gran prestancia. Arriba podía leerse un letrero metálico que decía, “El Encanto.”
Durante todo el día una multitud de personas colmaba los pisos, observaba las vidrieras, compraba objetos diversos.
La mayor tienda por departamentos de #Cuba abría sus puertas a todos y la gente accedía gustosa a un sitio, exclusivo para reducidos círculos sociales en otro tiempo.
Anochecía. Culminaba una jornada de dura labor. En el departamento para niños trabajaba una mujer de poco más de cuarenta años.
Estaba feliz con la venta del día. El dinero recaudado se destinaría a los círculos infantiles, hermoso proyecto social anunciado por Vilma Espín y que tanto beneficiaría a la infancia y la familia.
Los trabajadores de El Encanto y las personas que estaban allí poco después de las seis de la tarde corrían grave peligro, pero no lo sabían.
Carlos González Vidal, un trabajador de ese establecimiento, sí tenía la certeza de lo que ocurriría esa noche.
Ese hombre era miembro del grupo terrorista conocido por las siglas MRP, y tenía la misión de provocar un sabotaje con repercusión económica y política a escala nacional.
El año 1961 constituyó una de las etapas más difíciles para la Revolución cubana. El Programa de Acción Encubierta contra Cuba, aprobado un año antes por el presidente norteamericano Eisenhower cobraba auge bajo la anuencia de su sucesor en la Casa Blanca, Jhon F. Kennedy.
Según documentos desclasificados por el gobierno norteamericano en 1998, ese mandatario también apoyó el terrorismo contra la Isla.
“El método para lograr este fin consistirá en incitar, apoyar, y en lo posible, dirigir la acción, dentro y fuera de Cuba, por parte de grupos selectos de cubanos que pudieran realizar cualquier misión por iniciativa propia.”
A las siete y treinta de la noche del 13 de abril de 1961 La Habana se estremece por varias explosiones. El Encanto arde envuelta por las llamas.
Las tres bombas colocadas por el terrorista cubano Carlos González Vidal en diversos sitios de El Encanto habían estallado.
El terror se apoderó de la gente. El aire se vició con el humo, el crepitar del fuego, las sirenas de los bomberos, el llanto, los gritos, los pasos apresurados.
La jefa del Departamento para niños trataba de salvar los objetos y el dinero. Había sido una buena jornada a favor de la Revolución y no se podía perder.
Cuando intenta salir, no puede. Muere consumida por las llamas. Su nombre era, Fe del Valle Ramos y tenía dos hijos.
Otras 18 personas sufren lesiones de diversa índole a causa del siniestro. El Estado valoró las pérdidas en 20 millones de dólares.
Al amanecer del día 14 de abril de 1961, la esquina de Galeano y San Rafael no era la misma. El Encanto había perdido su hermosura y elegancia. Sólo quedaba en pie una armazón de acero tambaleante entre las ruinas devoradas por el fuego y el terror.

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