La magia del primer día de clases + (Audio)

En #Cuba, la lluvia es una rareza el primer día de clases.


Recuerdo, que el curso escolar se atrasó alguna que otra vez años atrás, en algunos territorios del país, pero debido a los ciclones.

Solamente un evento imparable de esa naturaleza, podía conspirar contra la tradición del primero de septiembre, eso pensaba absolutamente convencida.
Pero el nuevo coronavirus aplastó tan entrañable costumbre y el curso escolar comenzó este año, el 2 de noviembre.

El amanecer trajo un cielo manchado de nubarrones, y al mediodía los chubascos empaparon las calles y enlodaron los zapatos de los escolares en su regreso a casa.
Sin embargo y pese a las molestias del clima, la alegría resistió.

Mientras escribo escucho a Miriam, mi vecinita, que comenzó el noveno grado, celebrando a su nueva profesora de Inglés.

Antes, en la calle, encontré a los chicos del Politécnico que iban con prisa para forrar sus nuevos libros y libretas.

Me alegraron la educadora que arriba a su curso escolar número 40 resplandeciente de felicidad y varios jóvenes repletos de expectativas que se estrenan en el magisterio las aulas de Jaruco, algo que traduje como señales positivas en la arrancada de esta nueva carrera por el conocimiento.

A las entradas de las escuelas vi a los padres que, como siempre, porfiaron en acompañar a sus hijos en una fecha que conservó su brillo y trascendencia, pese a que el planeta está enfermo y en cuidados intensivos.

Supongo, que en los corazones hubo fiesta de todas formas.

Y mientras caminaba bajo la lluvia y sin sombrilla, (sabe dios dónde la dejé esta vez), me di cuenta que las escuelas, los maestros y los estudiantes me curaban la preocupación de las dificultades y carencias que golpean más duro en los últimos tiempos.

Doy por sentado, que similar sensación experimentaron ese primer día de clases miles de cubanos.

Y es que el movimiento generado por la educación es una cascada que limpia el espíritu y espanta la derrota, la falta de fe, el desamor.

En ese fértil terreno sigue creciendo la esperanza, verdecita y a prueba de tormentas, y es lo que nada ni nadie podrá quitarnos.

 

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