Hoy quiero hablar de un tema vital para la salud de nuestras comunidades: la campaña antivectorial. Todos sabemos que el mosquito transmisor del dengue, el zika y el chikungunya encuentra en los depósitos de agua un lugar perfecto para reproducirse.
Por eso, cuando los operarios de salud tocan a nuestra puerta para aplicar el abate en los tanques, no es un trámite más: es una acción directa para proteger la vida de nuestras familias.
Permitirles la entrada a las viviendas a los operarios de la campaña antivectorial es un gesto de responsabilidad y confianza. Ellos no llegan por curiosidad, llegan con la misión de cortar el ciclo del mosquito y evitar que la enfermedad se propague. Cada casa que abre sus puertas se convierte en un muro de contención contra las arbovirosis.
El combate contra el mosquito Aedes aegypti no puede ser efectivo si no hay cooperación. La salud es un esfuerzo colectivo: médicos, técnicos y vecinos unidos por un mismo propósito. Recordemos que el abate es seguro, no altera el agua y sí garantiza que nuestros depósitos estén libres de larvas.
Así que, cuando escuchemos el llamado, abramos la puerta con conciencia y compromiso. Porque cuidar la salud no es solo tarea del sistema sanitario, es deber de todos. La prevención empieza en el hogar, y juntos podemos lograr que el mosquito no tenga espacio en nuestra casa.