Cheo, el que nació entre décimas y sembradíos (+ Audio)

Francisco Martínez Chao
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Ni a caballo, ni en mulo, a pie José Medina Pérez camina más de seis kilómetros diarios para cumplir su pacto con la tierra, cuando aún el sol comienza a despertar en el regazo de la luna.

Cheo, como le dicen en Jaruco, llega a las seis de la mañana a su finquita en la zona de Portilla, y antes de abrir la puerta del bohío reza una décima a los cultivos.

Es el ritual de este guajiro bajito, de rosto curtido y alegre, que usa ancho sombrero de yarey, las viejas polainas de su abuelo y un machete que relumbra con los destellos del Astro Rey.

91 años tiene Cheo Medina, un hombre que nació entre sembradíos y le conoce todos los secretos a la tierra.

El pequeño bohío de Cheo Medina está a la sombra de un frondoso algarrobo, adornado con decenas de curujeyes y el nido de un sinsonte, encantado al escuchar las improvisadas décimas de este guajiro sabichoso.

¿Usted que desde niño trabaja en la agricultura, cuál es la labor que más le gusta?

El encanto de la cosecha.

¿Y qué siente Cheo Medina cuando la sequía o una plaga impide una buena cosecha?

Una herida en el alma.

¿Qué opina de los que están con los brazos cruzados mientras tierras fértiles están pobladas de aroma y marabú?

Esos son los malagradecidos.

Cheo, ¿Usted es feliz por llevar a su casa los frutos de su trabajo?

Muy feliz.

Te confieso que es la mayor satisfacción que tengo en la vida, cuando llegó a mi hogar con la alforja cargada de frutos. Es el mejor plato de yuca o boniato que puedo comer, porque los cultivé con mis propias manos y el sudor de la frente.

De niño le gustaba tocar el tres y le llevaban a cuanta canturía y serenatas tenían lugar en la comarca de Jaruco. La musicalidad de las Espinelas lo enamoró hasta el día de hoy.

Y no puedo estar un rato sin pensar o tararear una décima. Me inspira todo lo que me rodea y así voy por el camino a la finquita. Algunos dirán que el viejo Cheo Medina está loco.

¿Y sigue enamorado con 91 años?

Sin amor nada florece. Amo a la mujer, a la tierra, a la asociación de campesinos cubanos (ANAP), al sol, a la luna, a la décima, a la poesía, a mi conuco, a la gente de cualquier lugar del mundo, a los médicos, a los científicos cubanos, amó a Cuba.

El que no ama y construye no existe.

La Portilla es una finquita de sueños y ensueños. Sentado en su taburete Cheo Medina desafía el tiempo y le sonríe a la vida cada amanecer, cuando llega a su tierrita sagrada con el azadón en ristre.

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