Prevención que salva vidas
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Por: Yazmín Hidalgo
Hablar de citología es hablar de prevención, de responsabilidad y, sobre todo, de salvar vidas a tiempo. Sin embargo, continúa siendo un tema rodeado de dudas y silencios, así como dificultades de acceso, que muchas veces retrasan decisiones importantes.
En este espacio conversamos con la Lic. Ailin Ysern Espino, responsable del Programa de Cáncer Cérvico-Uterino y de las citologías de los 24 consultorios del municipio de Jaruco.
P: ¿Por qué es tan importante la citología en la prevención de enfermedades ginecológicas?
AYE: «La citología es importante porque permite descartar el cáncer cervicouterino. Esta prueba está indicada para mujeres entre los 25 y los 65 años; no se realiza automáticamente al iniciar las relaciones sexuales. Su valor radica en que es el único estudio disponible para la prevención del cáncer de cuello uterino.
Además, la citología ayuda a detectar enfermedades de transmisión sexual, como el virus del papiloma humano (HPV), que afecta a cerca del 90 % de las mujeres. En nuestra consulta atendemos más de 500 casos de esta enfermedad. El HPV altera los resultados de la citología y puede provocar lesiones de bajo grado (NIC 1), que suelen curarse, o lesiones de alto grado, que sí tienen potencial de convertirse en cáncer de cuello uterino.
El HPV se transmite principalmente por vía sexual, y la única forma de prevenirlo es mediante el uso del condón. Muchas mujeres desconocen esto, y por eso es fundamental la educación en salud. El virus puede permanecer en el organismo en un periodo de incubación sin dar síntomas, y aparecer cuando las defensas bajan.
En otros países desarrollados existe el test de HPV, que realizamos en nuestra consulta en 2024 gracias a una donación de Panamá. Se aplicó a 100 mujeres sanas, entre 25 y 50 años. Este test, similar a la citología pero en líquido, permite espaciar la prueba hasta cada 5 años, ya que es más profundo. Analiza la presencia de cepas del HPV, incluyendo las oncogénicas 16 y 18. En nuestro estudio, 7 mujeres resultaron positivas, y 2 de ellas presentaron estas cepas de alto riesgo. Esto demuestra que, incluso entre mujeres aparentemente sanas, el virus está presente en la comunidad.»
P: ¿A partir de qué edad o momento de la vida sexual se recomienda comenzar a realizarla?
AYE: «En Cuba, la citología está indicada para mujeres entre los 25 y los 65 años. Muchas jóvenes piensan que basta con iniciar las relaciones sexuales para hacerse la prueba, pero no es así. Aunque sería lo ideal comenzar antes, el programa nacional establece esa franja de edad. Se ha visto que incluso mujeres con vida sexual activa desde muy temprano pueden presentar lesiones, e incluso cáncer, pero el rango oficial es de 25 a 65 años.»
P: ¿Qué riesgos existen para las mujeres que no se realizan citologías con regularidad?
AYE: «Un cáncer cervicouterino puede comenzar como una lesión leve, detectada en la citología como lesión de bajo grado, o aparecer ya como una lesión de alto grado. Estas alteraciones son señales de alerta que, si se identifican a tiempo, pueden tratarse antes de que evolucionen.
El problema surge cuando la mujer pasa cinco, seis u ocho años sin realizarse la prueba. En esos casos, la enfermedad avanza sin ser detectada y muchas pacientes llegan a consulta en etapas donde ya no hay opciones de tratamiento curativo, presentando un cáncer invasor.
En fases avanzadas es común encontrar síntomas como pérdida de líquido, alteraciones anatómicas y daño en el cuello uterino. Por eso, la realización periódica de la citología es fundamental: permite detectar a tiempo las lesiones y evitar que progresen hacia un cáncer invasivo.»
P: ¿Cuáles son las dificultades que enfrenta el Programa de Cáncer Cérvico-Uterino?
AYE: «El programa de citologías enfrenta dificultades desde hace más de dos años debido a la falta de insumos, reactivos y personal en los laboratorios provinciales. Esto ha provocado que la prueba no se realice con la misma regularidad que antes, cuando el esquema establecido se cumplía en los consultorios del médico de la familia.
Anteriormente, las mujeres se realizaban su primera citología a los 25 años y los consultorios podían citar mensualmente a las pacientes según metas planificadas. Hoy, en cambio, solo se realizan unas 60 citologías para 24 consultorios, es decir, unas 30 cada quince días, debido a las limitaciones de entrega en los laboratorios.
A pesar de estas dificultades, se prioriza siempre la atención a las mujeres con problemas y no se le niega el servicio a ninguna paciente. Sin embargo, también la colposcopía se ve afectada por la falta de líquidos necesarios, lo que limita su capacidad de detectar lesiones de alto grado.
La consulta, aun sin servicio de anatomía patológica ni disponibilidad para leer biopsias, continúa funcionando. Las enfermeras se coordinan para organizar la capacidad disponible y atender a las pacientes según planificación.
Otro obstáculo es la electricidad: aunque se instalaron paneles solares en el policlínico, la energía no llega hasta la consulta, lo que dificulta la atención adecuada.
En resumen, existe un déficit de citologías —aproximadamente 60 al mes—, pero el servicio se mantiene en pie gracias al esfuerzo del personal de salud, que se crece ante las dificultades y sigue priorizando a las mujeres que más lo necesitan.»
P: ¿Qué papel juega el Programa de Cáncer Cérvico-Uterino en la prevención social?
AYE: «En cada consulta se aprovecha el momento para orientar a las adolescentes y mujeres jóvenes sobre la importancia de protegerse en cada relación sexual. Cuando llegan por una verruga, una lesión, un sangrado u otra situación, se les explica con detalle los riesgos y la necesidad de cuidarse.
En la consulta también se tratan las lesiones causadas por el virus del papiloma humano (HPV). Aunque no siempre se cuenta con los líquidos necesarios, gracias a la gestión del personal se han podido resolver muchos casos.
A las adolescentes y mujeres con múltiples parejas se les insiste en la importancia del uso del preservativo, ya que tener más de una pareja es un factor de riesgo para el cáncer cervicouterino. Se les orienta sobre la necesidad de realizarse chequeos periódicos, ya sea mediante citología o colposcopía, y de acudir al médico, porque esa es la única manera de prevenir.
Además, como parte de la prevención, se realizan charlas educativas en los centros escolares, reforzando el mensaje de cuidado y responsabilidad en la salud sexual.»
En medio de limitaciones materiales y desafíos estructurales, el mensaje es claro: la prevención sigue siendo la herramienta más poderosa. La citología, junto a la educación y la responsabilidad individual, puede marcar la diferencia entre la vida y la enfermedad.
Escuchar, orientar y actuar a tiempo continúa siendo la esencia de un programa que, más allá de cifras y recursos, trabaja cada día por proteger la salud de las mujeres. Porque prevenir no es solo una opción, es una decisión que salva vidas.
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