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La desidia también mata

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Nileyan Reyes Miranda
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Hace unos días visité Caraballo, y en mi periplo coincidí con una profesora que, indignada, me confesaba: «Este año creo que no llevaré a los niños a echar flores a Camilo en la cañada, porque el mal olor y la suciedad opacarían el simbolismo de ese momento».


Recordé entonces un material periodístico realizado hace poco más de tres años, en el cual aludía al drenaje deficiente existente en esa zona de la geografía jaruqueña. Ante lluvias intensas, el agua invade patios, calles y viviendas, arrastrando todo lo acumulado en las márgenes fluviales.

Una pobladora relataba cómo los desechos, incluso excretas humanas y de animales, llegaron hasta su hogar. En aquel momento, el reclamo popular apuntaba a la higienización de las orillas y al dragado del fondo, cargado de basura sedimentada.

La imposibilidad de ejecutar acciones mecanizadas, dada la falta de combustible y equipos, impidió ejecutar los trabajos. Sin embargo, más allá de la responsabilidad institucional, existe un deber individual y comunitario que tampoco se cumple.

Y ojo, los infractores pueden ser sancionados según el marco regulador. La Ley de Comunales establece multas de 2 500 a 4 000 CUP por arrojar desechos en lugares no autorizados. Por su parte, la norma 150 del Medio Ambiente reconoce el derecho constitucional a un entorno sano y permite consecuencias administrativas y penales contra quienes contaminen ríos o suelos. Todo ello responde a la necesidad de frenar la proliferación de vectores y enfermedades, además de evitar la contaminación de las aguas.

La cañada de Caraballo no puede seguir convertida en vertedero improvisado. Cada bolsa, cada resto arrojado sin pudor, multiplica el riesgo ambiental y sanitario para los vecinos. Este año la región no sufrió el impacto directo de tormentas tropicales ni ciclones. De haber ocurrido, el estado del afluente habría agravado los daños en los hogares.

La reflexión es clara: no basta exigir a las instituciones, que por supuesto tienen una alta cuota de responsabilidad al incumplir con sus obligaciones; sin embargo, la población también debe asumir su parte. Lo que hoy parece una solución rápida, mañana regresa como un bumerán, más grande y dañino.

Este 28 de octubre, la peregrinación de homenaje a Camilo quizás no pueda realizarse en Caraballo por el estado de este caudal, pero más grave aún resulta el peligro evidente que representa para la vida humana. Todavía estamos a tiempo de corregir y cambiar nuestra realidad. La cañada no necesita indiferencia, necesita conciencia. Piensa en ello… al final, la basura no desaparece por arte de magia: regresa multiplicada, golpea más fuerte. Recuerda, con ironía cruel, que la desidia también mata.

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