El cielo también advierte
Comienza a nublarse y claro que los espero. Fuertes, rápidos, atronadores. Nada como un techo de zinc para cogerle miedo a la tormenta: cada gota suena a piedra, cada trueno sacude la casa.
Mientras parece que el mundo se me cae encima y el pecho me retumba, miro por la ventana del portal y los veo pasar. Dos muchachos, caminando bajo la lluvia, riéndose, ajenos a todo. No llevan paraguas. No miran al cielo.
