Opinión

La mentira corre mientras la verdad espera

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Cada día, millones de noticias, fotografías, videos y comentarios circulan por las redes sociales. Basta un teléfono para conocer lo que sucede al otro lado del mundo, pero también para encontrarnos con rumores, noticias falsas y contenidos manipulados que muchas veces aceptamos sin detenernos a pensar.

Del 24 al 31 de octubre, la Semana Mundial de la Alfabetización Mediática e Informacional nos recuerda la importancia de aprender a distinguir entre lo que es cierto y lo que solo pretende parecerlo.

El problema no es únicamente que existan mentiras, sino la facilidad con que pueden difundirse y la rapidez con que las hacemos nuestras. A veces compartimos una noticia porque nos indigna, porque confirma lo que pensamos o porque creemos que estamos ayudando a otros a conocer algo importante. Y, sin comprobarla, terminamos contribuyendo a la confusión.

En Cuba, las redes sociales se han convertido en una vía habitual para conocer acontecimientos y buscar respuestas a muchas de nuestras inquietudes. Sin embargo, no todo lo que aparece en una publicación es cierto, ni todo lo que se presenta como una noticia responde a la realidad. Verificar, en medio de las incertidumbres lo que leemos resulta todavía más necesario.

Detrás de cada información falsa puede haber personas engañadas, familias preocupadas o una comunidad que termina creyendo en algo que nunca ocurrió, por eso, antes de compartir una publicación, conviene detenerse un momento, buscar su origen y comprobar si otros medios confiables ofrecen la misma información.

Los periodistas también tenemos una responsabilidad esencial, investigar, contrastar las fuentes y ofrecer información veraz, sin dejarnos arrastrar por las prisas ni por el afán de ganar audiencia.
Pero esta no es una tarea exclusiva de los medios. Todos tenemos parte de esa responsabilidad. Cada vez que compartimos una noticia sin comprobarla, contribuimos a que siga circulando, aunque nuestras intenciones sean buenas.

Informarse también significa aprender a dudar. Porque no todo lo que se publica es verdad, no todo lo que se comparte merece credibilidad y no todo lo que escuchamos debe convertirse en una certeza.

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