RADIO JARUCO

Con sus propias manos

El siete de noviembre de 1971, el Comandante Ernesto Che Guevara en su función de Ministro de Industrias creó la Empresa Consolidada de Recuperación de Materias Primas.

Hoy se le conoce como Unión de Empresas de Recuperación de Materias Primas porque su alcance es mayor, mas su objetivo es el mismo de 46 años atrás: ahorrar y aprovechar los recursos y cuidar el medio ambiente.

La fecha, me trae el recuerdo de una mujer que descubrió la magia de convertir el milagro en barro, como dice Silvio en su canción. Su nombre es Irania Martínez García y la conocí en medio de un vertedero.

Ella, seis mujeres más y un hombre, todos de Guantánamo, permanecieron durante varios meses del año pasado haciendo un CEPRU en San José de las Lajas. Un CEPRU es un Centro Ecológico Procesador de Residuales Urbanos.

La idea, que nació en Irania hace más de un lustro, convirtió el mayor vertedero de Guantánamo en un bosque, en un jardín, sin dejar de cumplir con su objeto social. Lo mismo se propuso en San José de las Lajas.

Cuando visité la tropa guantanamera en el vertedero de la finca San Antonio me asaltó primero el asombro, después la admiración. Observé a aquellas personas en medio de la basura, con palas y picos reciclando, enterrando los deshechos orgánicos, haciendo compós para fertilizar los suelos, seleccionando la basura según sus características, con la misma ternura de un médico en la consulta o un maestro en el aula.

Cuando Irania inició el proyecto en Guantánamo en el año 2000, la llamaban loca y le tenían poca fe. Por aquellos días su hija menor debutaba con la leucemia. Después el CEPRU rindió sus frutos y ella recibió, entre tantos reconocimientos, el Premio Nacional de Medio Ambiente 2005 de manos de Raúl Castro.

Su hija murió cuando el CEPRU tenía un impacto ambiental sin precedentes en Guantánamo, y el triste suceso devino eterno compromiso para Irania de llevar ese proyecto a todo el país.

Irania Martínez se empeña desde entonces a trocar vertederos en jardines, talleres, centros de trabajos, escuelas. Algo similar sucedió en mí al conocerla. Con el acierto del mejor especialista habló del reciclaje y su importancia, del daño a la salud que causa la incineración de los deshechos; de cómo los plásticos, más frecuentes que útiles en el mercado, sellan el suelo impiden el drenaje y lo envenenan.

Irania es una morena alta, alegre, intolerante con las faltas. Es autodidacta, estudia sin parar y tiene un genio creativo innato. Cuando visité el CEPRU por última vez en San José de las Lajas, en marzo pasado, allí estaban las damas guantanameras con la pasión del primer día, mas el vertedero no era el mismo.

Por un lado, jardines cultivados con plantas recicladas; por otro, un vivero con cientos de posturas de árboles frutales y maderables, y ausentes, toneladas de chatarra, varias decenas de metros cúbicos de plástico, vidrio, textil y otros materiales que ahorraron al país miles de pesos.

Irania Martínez García anda ahora por otras zonas del país cultivando CEPRU; su sueño es llegar al mayor vertedero de la capital cubana y de seguro lo hará.

De otros se lleva la gratitud, mío un collar con banderas cubanas que le regalé por hacer Revolución con sus propias manos, por cambiar, al decir de Fidel, todo lo que puede ser cambiado.

Cuando pienso en Irania, en su fortaleza y la renuncia a sí misma, tengo la certeza de que es así, como dijo Martí: “Intentar lo fácil cuando se puede hacer lo difícil, es despojar de su dignidad al talento.”

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