Julián del Casal en Jaruco. Un hito para cultura local.

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La grandeza de algunos hechos radica precisamente en su singularidad, en lo irrepetible del mismo. Si a la vez involucra a figuras excepcionales en una u otra esfera  del quehacer humano entonces su trascendencia alcanza aún mayor notoriedad  en la historia de la humanidad, una nación o simplemente de una localidad.

La figura de Julián del Casal, ya de por sí relevante y contradictoria en el momento histórico de producción poética y de su postura contestataria e irreverente hacía las autoridades coloniales,  dejó una impronta para el crecimiento posterior del modernismo en la poesía hispanoamericana.

Convencido de no ser la persona más ajustada para la disertar sobre los valores culturales de su poesía, ni de los avatares de su breve existencia física, dejo Lo primero en manos de especialistas y críticos de su obra, y lo segundo a sus biógrafos. Precisamente del trabajo de unos de los más prestigiosos estudiosos he extraído el siguiente escrito que nos devela un acontecimiento que debería, a mí juicio,  no puede pasar por alto para la cultura local jaruqueña, la visita realizada por el todavía muy joven Julián del Casal a la ciudad de Jaruco.

De la compilación realizada por Francisco Moran titulada “La Habana Elegante. Segunda época. XV Aniversario (1998- 2012).  Julián del Casal (In Memoriam) he tomado lo que el autor llama “una breve critica de una excursión a Jaruco en que participó Casal”, que más adelante reproduce en la propia compilación. La misma apareció publicada en revista cultural “La Habana Elegante” bajo el título “Ecos y Murmullos” con fecha del 13 de febrero de 1887, pero no aparece firmado (al menos el fragmento que aparece en la compilación de F. Mora).

Una invitación realizada por el Dr.  Vidal Sotolongo, por entonces Presidente del Recreo de Artesanos de  Jaruco,  a un amigo común, motivó que Julián, junto a Benjamín de Céspedes y Aniceto Valdivia visitaran la ciudad  en una tarde y noche de domingo. La breve estancia del joven poeta permitió a un grupo selecto de la sociedad jaruqueña disfrutar, en su propia voz de Casal, de la declamación de los versos de la “La Canción del Polaco”, luego bailaron y por último, a petición del propio Casal los jóvenes visitaron el cementerio.

La fugaz presencia en Jaruco de tan notable figura de las letras cubanas, aun cuando no había alcanzado la talla del Julián de sus obras “Hojas al viento”, “Nieve” y “Bustos y Rimas”, demuestra la relevancia y el prestigio que ya venía alcanzando dentro de la Isla.  Haberlo tenido por estos lares y que haya recitado para los pobladores de entonces constituye sin dudas un privilegio y un hito para cultura de la local.

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