¡Llegó la electricidad a Jaruco!

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Lo cotidiano de la vida moderna apenas nos hace imposible imaginarnos la vida sin el servicio de la energía eléctrica en nuestros hogares, fábricas, centros recreativos, hospitales, etc. Todo hoy gira alrededor de esta importante forma de energía y los cubanos sabemos al dedillo bien molestias que ocasionan los cortes de este servicio. Pero como sabemos no siempre fue así.

No pretendo hacer la historia del descubrimiento de la electricidad, ni de cómo se llegó al empleo masivo de la misma. Solo quiero compartirte cómo y cuándo llegó el servicio eléctrico a Jaruco.

Todo se inició a partir de una solicitud realizada por el señor Eduardo Pedro Mahony para la instalación de una planta para generar electricidad en Jaruco, allá por el mes de junio de 1913 cuando ya en La Habana, otras ciudades y pueblos sus pobladores disfrutaban de dicho servicio. La misma estaba bajo el amparo de los decretos presidenciales número 229 de 14 de junio y el 376 de cinco de julio ambos de 1913; el primero concedía autorización al señor Mahony para la instalación de dicha planta, y el segundo la ampliación del servicio a San Antonio de Río Blanco, Caraballo y Bainoa respectivamente.

El 25 de agosto de ese mismo año en la sesión ordinaria número uno del período vigésimo de la asamblea de concejales  adopta el acuerdo número ocho dándole a conocer al Ayuntamiento la concesión del permiso para la instalación de una planta eléctrica en esta ciudad, proponiendo que para la instalación del tendido eléctrico en las calles se empleasen postes de pino tea, pintados, de seis pulgadas de diámetro por seis metros de altura y espaciados aproximadamente a cien pies dentro del pueblo y hasta cincuenta metros en el campo, teniendo siempre en cuenta no estorbar el tránsito público.

Las propuestas también incluían las formas para fijar las tarifas que deben pagar los particulares por el uso de la corriente eléctrica. En este caso se plantearon inicialmente dos variantes:

La variante A donde el suministro de la corriente eléctrica sería desde la hora la puesta del Sol hasta las doce y media de la noche, realizándose el cobro de la siguiente manera:

Tarifa 1. Por cada lámpara incandescente de 16 bujías, un peso;

Por cada lámpara de 25 bujías, un peso y treinta centavos;

Por cada lámpara de 50 bujías, un peso y setenta centavos, todo en moneda oficial, al mes y por adelantado; no permitiéndose otro tipo de lámparas que no sea las marcadas por la empresa.

La variante B sería con el suministro de la corriente eléctrica a cualquier hora de la noche y el día cuando ya el número de suscriptores sean quinientos para este servicio, estableciéndose el mismo con regularidad al precio que en su oportunidad se llevaría a consideración del Consistorio.

La instalación de la fábrica quedaría exenta pagar los tributos por un término de cinco años y quedaría ubicada en la casa situada en la calle Comercio esquina a la calle de la Plaza (hoy ave 25 esquina a calle 30), la cual había sido arrendada por Mahony a su propietario. Allí se instalaría un motor M.A.N-10de 50 caballos de fuerza que emplearía como combustible el petróleo crudo. A él se instalaría un generador dinamo de corriente alterna de tres fases, sesenta ciclos, con capacidad para general 35 kV.A de 200 a 300 V, completado su excitatriz directamente acolada de corriente continua de 110V, con su polea, rieles, tensores y sus dos reóstatos para los campos magnéticos y la correa de cuero de buena calidad.

Todo estaba dispuesto para comenzar la instalación de la planta en el lugar autorizad, sólo faltaba cumplir el trámite de hacer público el acuerdo del Ayuntamiento y esperar el plazo de tiempo establecido para que cualquier interesado planteara su reclamación sobre la decisión que se había adoptado respecto a la instalación de la planta eléctrica. Los cedulones para la divulgación de los acuerdos estaba situados en: el zaguán de la Casa Consistorial, la bodega de Julián Alcoz, el café de Felipe Villaverde, la Estación del Ferrocarril, el hotel “Cabrera”, el café “La puerta del Sol” y el establecimiento de Baldomero Inclán.

Entonces fue cuando empezó la cosa. El señor Pedro Parra, vecino de la calle Comercio número cuarenta y dos, formula oficialmente ante el Ayuntamiento su inconformidad con la ubicación donde estaría la planta por ser este establecimiento de los considerados “incomodos y peligrosos” y “ser contrario a lo que determinan las Ordenanzas Municipales.”

La inconformidad del señor Parra y la perseverancia en la defensa de sus argumentos, más el apoyo de otros que se sumaron a la protesta, condujo a la celebración de un juicio en la Sala de lo Civil y de lo Contencioso–administrativo de la Audiencia de La Habana en contra de la decisión adoptada por el Ayuntamiento. El mismo duró casi un todo un año pero el resultado quedó a favor del Ayuntamiento quien dictó resolución definitiva para la instalación de la planta eléctrica en el lugar previamente acordado.

Durante el pleito y a solicitud del señor Mahony se mantuvieron los trabajos de instalación de la fábrica, bajo el compromiso realizado por este de cumplir con lo que quedase  dispuesto en el resultado del mismo. Así poco tiempo después  quedaron terminados los trabajos de instalación de la planta eléctrica y quedó a finales de agosto de 1914  inaugurado el servicio eléctrico en la ciudad de Jaruco. En ese mismo año se produjo la expansión del servicio a los poblados de San Antonio de Río Blanco y Caraballo, y en junio de 1915 quedó instalado el servicio en Bainoa.

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