La presencia que no falla cuando faltan los recursos
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Cada 10 de septiembre, Cuba celebra el Día del Trabajador Social, una fecha que nos conecta con aquel año 2000, cuando el Comandante en Jefe Fidel Castro concibió este programa como una tropa joven, sensible y dispuesta a llegar a cada rincón de la geografía nacional. Desde entonces, estos profesionales recibieron un calificativo que trasciende cualquier trámite burocrático: Médicos del Alma.
En Jaruco, esa medicina espiritual y práctica se ejerce puertas adentro, en los hogares más diversos del municipio. No se trata de llenar expedientes ni tabular cifras: la verdadera función radica en tocar a la puerta, mirar de frente al necesitado y comprender las heridas invisibles que no aparecen en ningún registro estadístico.
Ser trabajador social de Jaruco en estos tiempos es una tarea que merece reconocimientos. El municipio mantiene activo desde enero pasado un Estudio de Perfiles a Personas en Situación de Vulnerabilidad, una investigación dinámica que permite diagnosticar la realidad actual y ajustar las políticas de protección a medida que varían las condiciones de vida de los ciudadanos.
Los trabajadores sociales jaruqueños tienen bajo su responsabilidad el seguimiento a grupos priorizados que incluyen niños de 0 a 5 años, mujeres embarazadas, adultos mayores que viven solos y beneficiarios de la asistencia social. También atienden a madres o jefas de hogar solas con hijos en situación de discapacidad severa, madres con más de tres hijos dependientes y adultos en insolvencia económica cuyos ingresos mensuales sean inferiores a 4 000 pesos cubanos.
Todo esto ocurre en un contexto socioeconómico que atraviesa severa escasez de recursos e insumos para la ayuda directa. Dar la cara ante las urgencias cotidianas en cada consejo popular jaruqueño, cuando las respuestas materiales no siempre están a la mano, requiere un valor humano extraordinario.
Es exactamente en el epicentro de las carencias donde este oficio adquiere su dimensión más ética. Puede faltar el recurso material, pueden demorar las soluciones tangibles, pero en los barrios de Jaruco lo que jamás puede perderse es la sensibilidad humana ni la vocación de acompañar al otro.
Este 10 de septiembre los Trabajadores Sociales de Jaruco celebran la fecha sin reflectores. Festejan cada vez que un anciano solo encuentra compañía, cuando una madre en apuros recibe orientación oportuna, o cuando un vecino vulnerable descubre en el trabajador social una mano amiga que le devuelve la esperanza.
Los médicos del alma de Jaruco no siempre pueden resolver todas las carencias materiales que enfrentan las familias que atienden. Pero su presencia constante, su capacidad de escuchar y su compromiso con la dignidad humana constituyen ese catalizador entre la comunidad y el entorno. En tiempos donde los recursos escasean, esa presencia que no falla se convierte en el bálsamo más oportuno para ungir la herida allí donde duele más.
