Venezuela no volverá al pasado

Por las reservas energéticas que poseen Venezuela y el déficit de esos recursos en el mundo desarrollado, la nación bolivariana se convirtió en uno de los centros de la estrategia expansionista del gobierno de Estados Unidos, en su afán de preservar la continuidad del sistema capitalista.

Por estos días es noticia en todos los medios la supuesta misión de Juan Guaidó autonominado “presidente interino de Venezuela” bajo el pretexto de restablecer el orden democrático y combatir la crisis humanitaria.  Excusa que no tardó mucho en exteriorizar sus verdaderas razones y en relación con la industria petrolera, se hizo notar con premeditación.

 

Se conoce que entre los planes inmediatos del recién proclamado “gobierno de transición” aparece la renovación de la junta directiva de Citgo Petroleum Corporation, filial de PDVSA, con capacidad operativa de 750 mil barriles diarios, equivalentes al 4% del total refinado en Estados Unidos. Esto viene en consonancia con la intención de usar los recursos bloqueados internacionalmente a Venezuela bajo interesadas acusaciones de corrupción.

 

De manera más resumida: la sustancia de fondo del “gobierno paralelo” (o de transición) de Guaidó está netamente enfocado en boicotear las finanzas del Estado venezolano para establecer un nuevo régimen de explotación petrolera que otorgue el crudo venezolano a las corporaciones estadounidenses que hoy compiten por él.

 

Estados Unidos tiene como objetivo poder regular, hacia abajo o hacia arriba, el mercado de energía global. Eso se traduce en políticas de intervención que alteran principalmente los mercados petroleros, sometiendo a los actores que participan allí mediante medidas de presión selectivas como sanciones energéticas, agresiones financieras e intentos de cambio de régimen como el que hoy registra Venezuela.

 

El fin es sostener a los Estados Unidos en una posición privilegiada dentro de la economía global, permitiéndole regular el mercado energético en función de golpear las economías de las potencias rivales: China y Rusia.

 

Venezuela, aliado fundamental de estos países, ha configurado una política energética basada en la cooperación mixta, con el predominio de la estatal PDVSA en los convenios de extracción de recursos petroleros por encima de las empresas privadas y estatales foráneas, manteniendo un control soberano del territorio y sus fuentes de energía.

 

Está claro que el verdadero propósito de la implantación en Venezuela de un gobierno títere y sumiso a los intereses de los Estados Unidos, es mantener el control de los hidrocarburos en ese país, sobre todo el petróleo que ha sido tan codiciado siempre por esta potencia. Corresponde ahora al pueblo venezolano y sus organizaciones progresistas continuar luchando para no dejarse arrebatar lo que han logrado con su esfuerzo y mantener en alto las banderas y el legado de sus presidentes Hugo Chávez y Nicolás Maduro.