José Martí, un hombre guapo*

La extensión exacta de lo que representa, significa y es, José Julián Martí Pérez para Cuba y su gente, no se puede determinar, creo yo que es infinita. Martí es el recurso inagotable, el apoyo incondicional, el hombre de palabra, acción, letra, amor, guía, fue un guapo en toda su expresión y siempre está.

 

Martí fue un sabio que trascendió a su época, con un amor inagotable por su Patria, y mucho valor. Para entenderlo entre tantas cosas, lo primero que hay que hacer es leerse Abdala, su poema épico, y notar mediante su lectura, como él mismo se describe como Abdala y lo que le pide a los cubanos hacer. Cuando se publica el poema en “La Patria Libre”, Martí tenía 16 años pero en la introducción pone: “Escrito expresamente para La Patria”, por lo que poema es un reclamo a los cubanos, a sumarse a la liberación de la Isla sin importar morir en el empeño.

 

Ese escrito lo hizo un adolescente de 16 años que poco después fue a prisión. Algunas veces he escuchado hablar sobre Martí y su valor, si fue o no arriesgado o si fue menos guapo que algunos de nuestros próceres patriotas.

 

(que conste que con guapo quiero decir como dicen en Cuba, valiente, sin miedo) El valor se prueba en muchas circunstancias pero José Martí tuvo muchas oportunidades de probar su valentía y siempre demostró lo guapo que era.

 

Sí porque hay que ser guapo para escribir un poema como Abdala a los 16, y si aquello fue sólo un impulso de juventud, había que ser guapo para echarse la culpa de la carta a Gonzalo de Castro y de Castro donde le llamó apostata, enfrentar a un tribunal que ahorcaba por menos y salvar de una pena mayor  a su amigo Fermín Valdés Domínguez. Enfrentó el presidio con entereza y convicción, sin arrepentimientos.

 

José Martí hizo muchas cosas, ya sabemos, gracias a su sabiduría y capacidad conoció el mundo de la política, vivió en el exilio, y preparó la guerra, fue tan grande su capacidad que logró unir a los pinos viejos con los nuevos, sin repetir los errores del pasado, buscando la unidad que llevara a la libertad definitiva cuanto antes, para evitar lo que pasó después, pero ya Martí no estaba para impedirlo, y los Estados unidos nos cayó encima con esa fuerza más y se expandió por nuestras tierras de América…, pero hay un episodio en la vida del apóstol cubano que muchas veces no se menciona y que al menos a mi, como historiador me demuestra uno de los momentos más valientes en la vida de José Martí, porque había que ser guapo y estar muy seguro de sí mismo, o llamarse José Martí, para plantarle cara Máximo Gómez y Antonio Maceo.

 

Así mismo, y no solo plantarle cara, decirles que ellos, los generales de la gran guerra, que pelearon hasta el último aliento, y a Maceo, el hombre que se plantó bajo las matas de mango de Baraguá y le dejó claro a Martínez Campos que la guerra terminaba solo ,con Cuba Libre, ese titán que salvó la continuidad de la contienda, que estaban equivocados, y se lo decía él, José Martí, un hombre que no tenía experiencia en la lucha armada, que nada sabía de estar en un campo de batalla.

 

El suceso ocurrió en una reunión celebrada en New York el 18 de octubre de 1884, en ella Máximo Gómez y Antonio Maceo expusieron su plan a Martí, quien ya andaba preparando la guerra, pero el apóstol no estuvo de acuerdo con los métodos militaristas para la República en Armas que exponían Gómez y Maceo y además acentuó que no era el momento adecuado para el levantamiento por disímiles causas, la reunión fue intensa, los generales no podían creer de donde había salido ese hombre que les decía en su cara lo equivocados que estaban y que además defendía su postura ante ellos con gran vehemencia.

 

Aquel encuentro terminó mal, todos salieron disgustados y dos días después, el 20 de octubre, José Martí en otra muestra de coraje, hidalguía y sinceridad le escribió a Gómez una fuerte misiva, dura pero sincera, profunda exponiendo sus razones: “…La patria no es de nadie: y si es de alguien, será, y esto sólo en espíritu, de quien la sirva con mayor desprendimiento e inteligencia. A una guerra, emprendida en obediencia a los mandatos de pías, en consulta con los representantes de sus intereses, en unión con la mayor cantidad de elementos amigos que pueda lograrse; a una guerra así, que venía yo creyendo porque así se la pinté en una carta mía de hace tres años que tuvo de Vd. hermosa respuesta, que era la que Vd. ahora se ofrecía a dirigir; a una guerra así el alma entera he dado, porque ella salvará a mi pueblo; pero a lo que en aquella conversación se me dio a entender, a una aventura personal, emprendida hábilmente en una hora oportuna, en que los propósitos particulares de los caudillos pueden confundirse con las ideas gloriosas que los hacen posibles; a una campaña emprendida como una empresa privada, sin mostrar más respeto al espíritu patriótico que la permite, que aquel indispensable, aunque muy sumiso a veces, que la astucia aconseja, para atraerse las personas o los elementos que puedan ser de utilidad en un sentido u otro; a una carrera de armas por más que fuese brillante y grandiosa; y haya de ser coronada por el éxito, y sea personalmente honrado el que la capitanee; a una campaña que no dé desde su primer acto vivo, desde sus primeros movimientos de preparación, muestras de que se la intenta como un servicio al país, y no como una invasión despótica; a una tentativa armada que no vaya pública, declarada, sincera y únicamente movida, del propósito de poner a su remate en manos del país, agradecido de antemano a sus servidores, las libertades públicas; a una guerra de baja raíz y temibles fines, cualesquiera que sean su magnitud y condiciones de éxito y no se me oculta que tendría hoy muchas no prestaré yo jamás mi apoyo valga mi apoyo lo que valga, y yo sé que él, que viene de una decisión indomable de ser absolutamente honrado, vale por eso oro puro, yo no se lo prestaré jamás.”

 

Ese fue uno de los momentos más grandes de Martí, ese y el de dar la cara luego a aquellos que quisieron difamarlo por dicha actitud, nuca se escondió, fue consecuente con su postura y la vida le dio la razón, el Plan Gómez-Maceo fue un fracaso.

 

Mi José Martí, el suyo, y el nuestro fue un hombre como todos, con virtudes y defectos en plural, pero se las arregló para entregar su vida por su gran amor, la Patria, que es ara y no pedestal, murió como quiso peleando contra el enemigo en los campos de Cuba y de cara al sol, un 19 de mayo de 1895, hace hoy 121 años, lamentablemente para aquella guerra murió temprano, pero el Maestro, el apóstol, el hombre de la Edad de Oro también fue un cubano guapo, un hombre de acción.

 

*Guapo: según la definición popular del cubano es un hombre que no tiene miedo, valiente que se enfrenta a los peligros

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