Neymar rescata a Brasil

Nunca jamás el país anfitrión ha perdido su primer partido en un Mundial de Fútbol, y Brasil —que no pierde en sus estrenos desde hace 80 años— ganó este jueves el suyo 3-1 ante Croacia.

 

Ganó, aunque debió sudar de lo lindo frente a un rival tozudo, y su aventura mundialista en pos del hexacampeonato arrancó con susto, tras el autogol de Marcelo a los 11 minutos. Un centro que Ivica Olic lanzó desde la derecha, envenenó Jelavic con un leve desvío y el lateral izquierdo de la seleçao acabó por rematar involuntariamente ante la mirada desconcertada de Julio César (fue el primer autogol, por cierto, de Brasil en la historia del torneo).

En el campo festejaban los jugadores croatas y en las gradas enmudecían los 62 mil espectadores que tiñeron de verde y amarillo la Arena Corinthians de Sao Paulo.

 

Precisamente por las bandas, el elenco balcánico, muy serio en defensa y apelando a Modric y Rakitic como lanzaderas, encontró ayer un verdadero filón para hacer daño con sus contragolpes.

 

Poco a poco, sin embargo, la canarinha se fue soltando a partir de las explosiones verticales de Óscar y Neymar, luego de los minutos de rigor que le tomó digerir el mazazo. Ejerciendo una presión asfixiante, básicamente llegó a encajonar a los croatas en su área, con más voluntarismo que claridad en su juego, y de una carambola trenzada por Neymar emergió el primer aviso. Un misil de Óscar que el arquero Pletikosa envió a córner volando.

 

“Si yo tuviese a Neymar enfrente, seguro que pensaría en él antes de ir a dormir”, había advertido en tono jocoso el director técnico ganador Scolari. Y los croatas de seguro soñarán esta noche con el delantero del Barcelona, que ayer volvió a confirmar por qué sobre su dorsal y no en el de cualquier otro reposan las mayores esperanzas brasileñas para reconquistar el trofeo.

 

Neymar, en efecto, es uno de esos pocos jugadores diferentes que se asocian al Brasil de toda la vida y hoy apenas afloran en el plantel de Felipao, mucho más industrial que artístico. De su magia resurgió el rugido en el estadio, cuando ofició el gol del empate, después de escurrirse como una libélula a través del muro defensivo montado por el DT Niko Kovac para batir a Pletikosa con un disparo raso de zurda que se clavó en el poste.

 

Y suyo fue también el 2-1, aunque esta vez dentro de la pesadilla croata el gran protagonista fuera el árbitro japonés Yuichi Nishimura, que vio caer dentro del área a Fred —sí, ¡Fred estaba jugando!— ante una falta inexistente de Jelavic y, cerrando los ojos, señaló el manchón de penal. Neymar con un potente derechazo cruzado no erró el tiro aunque por un instante fugaz pareció que Pletikosa lo tapaba.

 

Con todo y ello, los europeos no bajaron los brazos, cercaron la portería de Julio César y llegaron a meterle el miedo en el cuerpo a los brasileños, al punto de que Scolari, buscando amarrar el resultado, sustituyó a Neymar por Ramires. Hasta que Óscar les dio el tiro de gracia al aprovecharse de un balón perdido por Rakitic, se zafó de la vigilancia de Corluka y anotó desde la frontal con un punterazo. Justo premio para el jugador del Chelsea, el otro gran meritorio que tuvo la canarinha en el campo, pero totalmente abusivo para los croatas, que no merecieron tanto castigo.

 

Resultado. Grupo A: Brasil, 3- Croacia, 1 (Neymar, min. 29 y 72, Oscar, 92; Marcelo, autogol, 11).

 

Autor: Ariel B. Coya

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