Celia de todos los tiempo

Se equivoca la muerte, Celia, si cree acabar con tanta vida, y se equivoca la vida, si cree que te vence con la muerte. Nunca será fácil referirse a Celia Sánchez Manduley, y menos aún pretender describir su esencia en breves líneas, pero decir su nombre es aunar los valores más puros y sinceros; es decir modestia, fidelidad, amor a la Revolución y a su pueblo.


celia-sanchez-cuba-revolucionLa sencillez era uno de sus más honorables valores, y el bienestar de su pueblo, su independencia; y el establecimiento de un nuevo modelo social, los objetivos primarios de su existencia.


Fue por esos principios que, bajo los seudónimos de Norma, Carmen, Liliana y Caridad, integró el Movimiento 26 de Julio y contribuyó a las acciones revolucionarias contra Fulgencio Batista y sus esbirros. También fue la primera mujer en unirse a los barbudos en la Sierra Maestra, capaz de ganarse la confianza incondicional de nuestro líder Fidel Castro, en quien creía con vehemencia.


A su extensa labor en la lucha revolucionaria, se debe, además, la creación del pelotón Mariana Grajales, integrado solo por mujeres.


Como ayudante de Fidel se encargó tanto de asuntos políticos como de guerra.  Se preocupó por el estado de los hospitales guerrilleros, también del funcionamiento de las escuelas en las montañas.

 

Asimismo, se interesó por la situación de cada familia campesina y se dedicó a recopilar toda la documentación de la lucha en la Sierra, posibilitando la creación de la Oficina de Asuntos Históricos del Consejo de Estado en 1964.


Del mismo modo impecable en que se desenvolvió en la lucha clandestina; después del triunfo revolucionario no hubo obra social orientada por la dirección de la Revolución a la que Celia no dedicara total entrega.


Fue secretaria del Consejo de Estado, diputada al Parlamento, miembro del Comité Central del Partido y de la Dirección Nacional de la Federación de Mujeres Cubanas.


Hasta el final de su vida sorprendió por ser única en su especie, cuando la salud le jugó la peor de las cartas. Una semana después de la operación en la que le extirparon un pulmón, reinició sus estudios de Licenciatura en Ciencias Sociales. Ella se había propuesto terminar el curso junto a los demás compañeros y aquellos últimos meses de 1979 también estaría ocupada con la Conferencia Cumbre de los Países No Alineados en La Habana y el viaje con Fidel a la sede de las Naciones Unidas. El once de enero se le apagó la vida y poco tiempo después se le otorgó post mortem el título universitario que tanto anheló. Cuentan, que desde entonces su tumba amanece con una flor. Así de sencillo ha sido siempre el tributo para quien, con los pies siempre en tierra, fue diosa que hizo florecer todo lo que tocó. Ella, Celia, fue simplemente para nosotros los cubanos, una mujer para todos los tiempos.

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